Curiosidades que quizá no sabías sobre el desierto del Sáhara
Cuando pensamos en el desierto del Sáhara nos imaginamos dunas interminables de un color anaranjado bajo un sol abrasador o un cielo plagado de estrellas. Un lugar inabarcable e inhóspito, hogar de tuaregs, zorros del desierto, camellos y rosas de Jericó. Donde se duerme en jaimas, los atardeceres duran una eternidad y la vida, en general, pasa a otro ritmo, mucho más lento.
Todo ello es cierto, pero el Sáhara esconde muchas más curiosidades y datos sorprendentes que van más allá de lo obvio y de lo que nos dicta el imaginario popular. Estos son solo algunos de ellos:
La gran extensión del Sáhara
El Sáhara es grande, muy grande. Se extiende por nada menos que 9,4 millones de kilómetros cuadrados, en un terreno compartido por Marruecos, Argelia, Túnez, Mauritania, Níger, Chad, Libia, Mali, Egipto y Sudán. Para hacerse una idea de su tamaño basta con pensar que ocupa prácticamente el mismo territorio que EE.UU y es solo un poco más pequeño que China.
Los camellos en su hábitat natural
Los camellos se introdujeron en el Sáhara hace más de dos mil años, convirtiéndose en el animal por excelencia del desierto. A diferencia de lo que ocurre con los caballos, sus pezuñas no se hunden en la arena, lo que les permite un fácil desplazamiento. Además, pueden llevar pesadas cargas y sobrevivir hasta 17 días sin agua ni comida, lo que permite largas travesías en este terreno inhóspito.
Fuertes tormentas de arena
En el Sáhara se origina el Siroco, un viento fuerte y cálido, que suele marcar el cambio del verano al invierno. Alcanza velocidades de hasta 100 kilómetros por hora. Además, en el desierto son comunes las tormentas de arena, que incluso pueden llegar a verse en el espacio, desde la estación espacial. Las partículas de arena microscópica pueden viajar más de 7.000 kilómetros y llegar hasta Centroamérica, El Caribe, Europa e incluso la selva amazónica, donde actúan como fertilizante, ya que contienen fósforo.
La planta más especial del desierto
La Rosa de Jericó es típica del desierto. Se trata, en realidad, de una planta muy resistente que, al secarse, contrae sus ramas en forma de ovillo. Puede permanecer así durante años, pero cuando llueve se hidrata y retoma su forma original, por lo que también es conocida como “la flor de la resurrección”.

Deportes en el Sáhara
El Sáhara es, quizá por su magnetismo, un lugar propicio para la práctica de determinados deportes de riesgo, como los rallies. El Rally Dakar y el Sahara Desert Challenge son dos de los más conocidos, unas aventuras transaharianas que enlazan dos continentes, Europea y África, con carreras de vehículos que atraviesan varios países, entre ellos Marruecos. Además, en el Sahara también se celebra el Maratón des Sables, una exigente carrera por etapas considerada de las más duras del mundo.
El recórd en bicicleta
Reza Pakravan, explorador y miembro de la Royal Geographical Societ, puede presumir de ser la persona que ha cruzado más rápidamente el desierto del Sáhara montando en bicicleta. Recorrió nada menos que 1.745 kilómetros en 13 días y 5 horas, lo que le ha valido el récord mundial Guiness.
Un antiguo vergel hace 10.000 años
Antes de convertirse en uno de los mayores desiertos del planeta, el Sáhara era un vergel de sabanas y praderas, con bosques, lagos y abundantes precipitaciones. De ello hace más de 10.000 años y dan fe las pinturas rupestres de la zona, donde los nativos pintaban cocodrilos, elefantes, jirafas o hipopótamos. Hace 5.000 años, sin embargo, la zona comenzó a desertizarse, en un fenómeno cíclico que ocurre cada 20.000 años por ajustes en la órbita terrestre. De hecho, los expertos ya han observado que actualmente el desierto se está volviendo más verde en sus extremos, aunque se piensa que, en esta ocasión, está cambiando como consecuencia del cambio climático.
¿Ballenas en el Sáhara?
Imaginarse ballenas en el Sáhara es difícil y, sin embargo, los fósiles encontrados entre las dunas confirman que esta especie habitó estas tierras, que en su día formaron parte del lecho marino del mar de Tethys, que posteriormente se desecó.
Uno de los lugares menos poblados
El desierto del Sáhara es uno de los lugares más deshabitados del planeta. Tiene apenas cuatro millones de habitantes repartidos por toda su superficie, lo que ofrece una densidad poblacional de 0,4 habitantes por kilómetro cuadrado, equiparándose con Siberia, Groenlandia o la Antártida, entre otros lugares.
El punto más bajo y más alto
El punto más bajo del desierto del Sáhara es la depresión de Qattara, en Egipto, que se encuentra a 133 metros bajo el nivel del mar, mientras que la montaña volcánica Emi Koussi, en el Chad, es el punto más elevado, con 3.455 metros.
Mucho calor… y mucho frío
El récord de temperatura registrado en el Sahara se dio en 1922, con 58º C. Además, las rocas expuestas al sol pueden llegar a alcanzar los 70º C. De hecho, en los picos de calor, caminar descalzo sobre la arena puede ocasionar quemaduras de hasta segundo grado en los pies. Pero el desierto es un lugar de temperaturas extremas y cuando la cae la noche puede llegar a hacer mucho frío, hasta 10 grados bajo cero.
¡Nieve en el Sáhara!
En el Sáhara también nieva, aunque muy raramente. En las últimas cuatro décadas se han registrado cinco nevadas en este desierto, la última en 2021.
Un lugar de leyenda
La leyenda de Merzouga cuenta que hace muchos años una madre y un hijo pedían ayuda mientras los habitantes del pueblo preparaban una fiesta. Nadie los ayudó y terminaron muriendo, por lo que una gran tormenta cubrió de arena el pueblo a modo de castigo divino. Hay quien dice que ciertas noches aún se escuchan gritos entre las dunas.

Pequeños zorros y víboras cornudas
Uno de los habitantes del Sáhara es el fénec, también conocido como “zorro del desierto”. Se trata de un animal nocturno, que vive bajo la arena, con grandes orejas y un organismo que le permite sobrevivir incluso en las condiciones más extremas. Se le considera la especie de zorro más pequeña del mundo, y convive con otras especies, como serpientes, roedores y escorpiones. Uno de ellos, el escorpión amarillo, puede llegar a medir hasta 10 centímetros y es muy venenoso, casi tanto como la víbora cornuda, que se caracteriza por tener unos pequeños cuernos en la cabeza y por su habilidad para esconderse rápidamente en la arena y así protegerse de los depredadores.
Fiesta bereber en el desierto
En el desierto se celebra el Moussem de Tan-Tan, la reunión bereber más grande del norte de África. Cada mes de mayo, más de treinta tribus nómadas se dan cita en esta ciudad para recordar al jeque Mohamed Laghdaf. Una ocasión perfecta para danzar, realizar ceremonias del té y celebrar carreras de camellos. Todas estas tradiciones han permitido que esta fiesta se haya convertido en Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO desde 2005.
Un lugar de película
El desierto del Sáhara ha sido escenario de numerosas y conocidas películas de cine. Entre las más famosas, La Guerra de las Galaxias o En busca del arca perdida.
Un mar… de dunas
Quien quiera ver un mar de arena debe dirigirse a Erg Chebbi, una zona con más de 20 kilómetros de extensión en donde se pueden observar grandes extensiones de dunas, algunas con una altura superior a los 150 metros. Es también un lugar donde vivir la experiencia de dormir en una jaima y disfrutar de la noche en el desierto sin perder un ápice de comodidad.
El desierto del Sáhara es, en definitiva, mucho más de lo que aparece. Este lugar de leyendas, que antiguamente fue un vergel, esconde curiosos animales, un ecosistema único y fiestas ancestrales. Las dunas han sido las localizaciones ideales de muchas películas, y los fenómenos meteorológicos se suceden creando un escenario de contrastes, donde es difícil imaginar ballenas donde ahora hay arena y más arena. Por todo ello, vivir el Sáhara en primera persona se convierte en una experiencia inolvidable. Porque si hay un sitio magnético e hipnótico en el planeta, sin duda es éste.







