Museo Yves Saint Laurent, la moda hecha museo en Marrakech
El Museo Yves Saint Laurent es uno de los espacios culturales más destacados de Marrakech, la ciudad que el diseñador escogió para vivir largas temporadas. El espacio, concebido para conservar, estudiar y mostrar el legado creativo de una de las figuras que transformaron la moda del siglo XX, merece una visita, incluso aunque no seas un apasionado de las pasarelas y la alta costura.
Inaugurado en octubre de 2017, nació con la voluntad de acercar al público la obra de Yves Saint Laurent desde una perspectiva que va mucho más allá de mostrar sus creaciones más emblemáticas. Sus fondos permiten comprender cómo una idea dibujada sobre el papel termina convertida en una pieza de alta costura.
El edificio, que ocupa unos 4.000 metros cuadrados, integra, además de los propios espacios expositivos, un auditorio, una biblioteca, una librería-tienda y una cafetería. Con su construcción se cumple uno de los deseos expresados por el diseñador: “Mi sueño es que mis vestidos y dibujos puedan ser estudiados durante siglos”. Y nada mejor que hacerlo en Marrakech, la ciudad de la que Yves Saint Laurent se enamoró, donde se convirtió en un icono de la moda y en la que pasó las mejores épocas de su vida.

Un edificio inspirado en la alta costura
El edificio que acoge el museo está junto a los Jardines Majorelle, aunque es independiente de ellos. Fue encargado a Studio KO, fundado por los arquitectos Olivier Marty y Karl Fournier, quienes encontraron su inspiración en los archivos del propio Yves Saint Laurent.

Al estudiar el trabajo del diseñador, los arquitectos observaron una constante combinación entre líneas curvas y rectas, y entre tejidos que fluían y formas extremadamente precisas. Esa dualidad terminó trasladándose a la arquitectura del edificio. Así, desde el exterior, el museo se presenta como una composición de volúmenes en tonalidades tierra, con una fachada que dibuja una superficie que recuerda a un textil por la disposición de los relieves y los patrones que imitan la trama de un tejido.
Asimismo, los materiales empleados nos recuerdan que estamos en Marrakech. La terracota, la piedra y el mármol local conectan la construcción con los colores de la ciudad, además de jugar con las luces y las sombras a lo largo del día. Sin embargo, el auténtico contraste aparece al atravesar sus muros. Si el exterior posee una textura marcada y casi rugosa, el interior resulta visualmente mucho más suave. Studio KO planteó esta dicotomía recurriendo a la imagen de una chaqueta que esconde un forro de un material completamente distinto.

El corazón del museo es el gran espacio dedicado a la obra del diseñador que, curiosamente, no está dispuesto por orden cronológico. La sala principal fue concebida como una gran caja negra en la que las prendas emergen de la oscuridad mediante una iluminación muy precisa. El efecto tiene algo de representación teatral que dirige la mirada hacia los detalles que definen cada creación, desde un bordado o una transparencia hasta la caída de un tejido, un volante o la construcción de una silueta.
La escenografía se planteó, además, como una experiencia inmersiva. Las prendas se combinan con bocetos, fotografías, imágenes de desfiles, películas, voces y música, de manera que el visitante no contempla únicamente el resultado final, sino que se acerca al universo visual del diseñador. Entre las creaciones icónicas que se pueden contemplar destacan aquellas con las que Saint Laurent renovó el vestuario femenino, como el esmoquin, la sahariana, el chaquetón marinero o el célebre vestido Mondrian.
Por otro lado, el planteamiento del museo permite explorar temas recurrentes en su producción, desde el diálogo entre lo masculino y lo femenino hasta el uso del negro, el arte, los jardines y Marruecos. Las piezas expuestas se renuevan periódicamente, con una rotación calculada para proteger aquellos textiles especialmente delicados.

Mucho más que diseños
Una de las claves para entender la riqueza del museo está en la extraordinaria labor de archivo desarrollada alrededor de la obra de Yves Saint Laurent. Desde 1964 el diseñador comenzó a conservar los prototipos de sus colecciones, lo que, unido a un gran trabajo de documentación, permite reconstruir el proceso creativo.
Los fondos vinculados a su legado incluyen miles de prendas de alta costura, pero también bocetos originales, fichas de taller, muestras de tejidos, fotografías, vídeos de desfiles, patrones y documentación. Este material permite descubrir todo lo que sucede entre el primer trazo de un diseño y el momento en que una modelo aparece sobre la pasarela.
Las fichas de los talleres, por ejemplo, engloban desde el dibujo original de un modelo a las referencias sobre tejidos y colores, así como muestras de materiales y relación de proveedores y accesorios. Se conservaban también documentos relacionados con costes, cantidades de tejido, tiempos de confección, invitaciones, fotografías y registros de clientes. Este patrimonio documental convierte el legado de Saint Laurent en algo más que una colección de moda, al tiempo que permite estudiar el funcionamiento de una de las grandes casas de alta costura del siglo XX.
Por otro lado, el museo presta atención a la estrecha relación de Yves Saint Laurent con las artes escénicas y el cine, ámbitos para los que diseñó diferentes vestuarios a lo largo de su carrera. En el espacio expositivo se muestran bocetos, dibujos y fotografías de sus colaboraciones con figuras del teatro, la danza y el cine, como Roland Petit o Catherine Deneuve. Y en cuanto a la fotografía, se exponen imágenes de algunos de los grandes fotógrafos de moda del siglo XX, además de retratos y fotografías publicitarias que ayudaron a construir la poderosa identidad visual de la casa Yves Saint Laurent.
El museo fue pensado desde el principio como un espacio vivo. Por eso cuenta con una sala destinada a exposiciones temporales relacionadas con el arte, el diseño y otras disciplinas, lo que hace que la experiencia sea distinta de una visita a otra.

Otros espacios emblemáticos
Aunque no sea accesible para el visitante ocasional, el museo se muestra orgulloso de su biblioteca de investigación, con más de 5.000 volúmenes de las más variadas temáticas. Entre ellos se encuentran publicaciones dedicadas a Yves Saint Laurent, la historia y la cultura de Marruecos, el pueblo amazigh, el paisajismo y la botánica. El empresario y mecenas Pierre Bergé, pareja y socio de Yves Saint Laurent durante décadas, contribuyó a enriquecerla con ejemplares de los siglos XVII al XX relacionados con la historia, la literatura y las artes tradicionales marroquíes.
Este espacio no funciona como una biblioteca al uso, sino como un centro de investigación al que pueden acceder, previa solicitud, investigadores, historiadores, antropólogos, estudiantes, artistas y otros especialistas interesados en sus fondos.
Por último, el complejo se completa con el Auditorio Pierre Bergé, concebido para acoger conferencias, proyecciones, conciertos y otras actividades culturales, además de una librería-tienda y Le Studio, la cafetería del museo.
Visitar el Museo Yves Saint Laurent de Marrakech es acercarse a la moda desde diferentes puntos de vista y entender que cada pieza es el resultado de un proceso en el que intervienen dibujo, tejido, técnica, referencias artísticas y un minucioso trabajo artesanal. La visita a este espacio comienza incluso antes de acceder a él, con la contemplación de una fachada icónica que es la antesala de un espacio que permite sumergirte en el lenguaje creativo del diseñador y asomarte a su forma de trabajar. Un recorrido por colores, formas, tejidos y referencias artísticas que convierte la moda en un patrimonio cultural del que Marrakech se muestra especialmente orgulloso.







