Subir el Toubkal, el pico más alto del Norte de África
El Toubkal es el pico más alto del norte de África. Situado en el Parque Nacional del mismo nombre, en las montañas del Atlas, su ascensión no es excesivamente técnica, pero requiere de una buena forma física. Las vistas desde la cumbre consiguen que el esfuerzo realizado merezca la pena.
Subir hasta la cima del Toubkal, a 4.167 metros de altura, no es solo llegar a la cumbre más alta de Marruecos. Antes de conseguir el hito, se disfruta de un camino que atraviesa bosques, valles, ríos y senderos empedrados de marcada pendiente donde la naturaleza se muestra en su máximo esplendor después de haber dejado atrás la tradicional hospitalidad bereber de los pueblos del Atlas.
El Toubkal, situado a algo más de 60 kilómetros al sur de Marrakech, atrae a amantes de la montaña de todo el mundo, dispuestos a conquistar la cordillera del Atlas en cualquier época del año. Los mejores meses para hacerlo son de marzo a mayo, y de septiembre a noviembre. En la primavera se pueden disfrutar de días más largos y cielos despejados, mientras que el otoño evita los meses de más calor y el frío más extremo del invierno, en donde la nieve confiere una mayor dificultad al ascenso.
Para realizar el hito de coronar el Toubkal resulta recomendable, al menos, estar familiarizado con el senderismo y tener buena forma física. Si se quiere realizar el invierno habrá que utilizar crampones y piolet por la presencia de hielo y nieve en la ascensión, y en este caso se recomienda tener experiencia en alta montaña.
Así, la ruta de subida al Toubkal se puede realizar por cuenta propia o con un servicio de guía contratado previamente, lo que implicará contar con, entre otras posibilidades, transporte hasta el inicio de la caminata, porteo de mochilas, comidas y noche en el refugio, para que solo tengas que preocuparte de disfrutar de la experiencia.

Previo a la ascensión
Antes de comenzar con la ascensión, es necesario alcanzar la forma física necesaria para coronar el Toubkal con éxito, ya que el ascenso habitual incluye jornadas de hasta 12 kilómetros y una subida de 1.400 metros en un solo día.
El entrenamiento previo puede ajustarse a las condiciones físicas del interesado y la época del año en la que va a realizarse la ascensión. Lo habitual es que, tres meses antes, se comiencen a hacer caminatas de al menos dos horas tres veces por semana, aumentando el tiempo progresivamente e incluyendo algunas jornadas de senderismo en pendiente por terreno montañoso. El objetivo es adquirir una buena forma física y resistencia a través de ejercicios de cardio y fuerza, y estar familiarizado con el trekking en montaña.
Otro aspecto fundamental previo al viaje es asegurarse de incluir todo lo necesario para realizar una ascensión de este tipo. Aunque la lista de lo que tienes que llevar en la mochila varía en función de la climatología, la época del año y el número de días que durará la ascensión, no hay que olvidar las camisetas y toalla de secado rápido, la capa de lluvia, la ropa térmica, unas botas de senderismo de caña alta y bastones de trekking telescópicos, cantimplora, protector solar y cacao para los labios, saco de dormir, calzado cómodo para estar en el refugio, gafas de sol, gorra, frontal, batería para cargar el móvil y, opcionalmente, tapones para los oídos para la noche en el refugio.
Lo ideal es contar con una mochila de unos 40-45 litros, que puede ser llevada por las mulas o los porteadores, y otra de ataque de unos 15-20 litros, donde meterás los objetos personales, como el pasaporte y lo que vayas a necesitar en la jornada diaria de trekking, como algo de ropa de abrigo y cantimplora.
En cuanto a la colocación de la ropa y los enseres, el saco de dormir debe estar al fondo de la mochila. Justo encima pondrás los objetos más pesados que no vas a necesitar durante el día, preferiblemente colocados lo más cerca posible de tu espalda. Los objetos ligeros y que previsiblemente vas a necesitar a lo largo de la jornada los pueden colocar en el compartimento superior o en los laterales. Además, resulta muy útil meter la ropa de uso similar organizada en bolsas más pequeñas, para asegurarte un rápido acceso. Así pues, los calcetines y la ropa interior, por ejemplo, pueden ir colocados en un mismo compartimento.
Ajustar bien la mochila y adaptarla a tu espalda es fundamental. Si va excesivamente holgada, puede ocasionarte tensiones y dolores musculares, ya que tendrás que caminar con ella durante varias horas.
Por último, y aunque sea verano, no debes subestimar el tiempo que vas a encontrar, ya que en la alta montaña las temperaturas descienden considerablemente durante la noche. Por este motivo será necesario, al menos, una camiseta térmica, un forro polar, cortavientos y un gorro. Tampoco hay que olvidar un frontal y pilas de repuesto, ya que es probable que alguno de los tramos los realices de noche, y dinero en efectivo para pequeños gastos, como bebidas o propinas.

Imlil como punto de partida
Aunque se puede realizar en una única jornada, lo más habitual es que el ascenso al Toubkal se realice en dos días. Sin embargo, existe la posibilidad de alargar la aventura disfrutando de un trekking de hasta 8 días que puede incluir jornadas de senderismo visitando aldeas bereberes y la ascensión a otros picos por encima de los 4.000 metros.
De igual manera, aunque se puede llegar al Toubkal con varias rutas de ascenso, como a través del valle de Aremd y Sidi Chamharouch, el punto de partida más común suele ser Imlil, el pueblo que se considera la puerta de entrada al Parque Nacional del Toubkal, un escenario natural de más de 100.000 m2.
Desde Marrakech se llega a Imlil tras una hora y media de camino por carretera. Muchos montañeros optan por alquilar un coche o tomar un taxi, lo que permite disfrutar de las excelentes vistas y hacer noche en Imlil, para partir a primera hora de la mañana en dirección al refugio.
Imlil es una pintoresca población bereber situada a 1.800 metros de altitud, con casas tradicionales de adobe y techos de paja. En esta población el montañero encontrará todo lo necesario para preparar su subida al Toubkal, desde suministros para las jornadas de trekking, hasta guías locales, restaurantes y hoteles. Existe una amplia variedad de alojamientos, desde hostales económicos o cuartos en casas de población local, a hoteles con cuatro estrellas.
Con un ritmo de vida sencillo y calmado en comparación con el bullicio de Marrakech, Imlil es perfecto para contratar servicios como guías o porteadores, ya que las mulas solo pueden acceder hasta donde comienza la nieve en la temporada de invierno. En cualquier caso, el camino está bien señalizado, por lo que si se posee experiencia en montaña, la ascensión al Toubkal también puede hacerse por cuenta propia.

Subida al refugio
Aunque desde Imlil existe la posibilidad de realizar diferentes rutas de acercamiento al Toubkal, lo más común es dirigirse directamente hasta el refugio del Toubkal o Neltner, que cuenta con 5 habitaciones que incluyen desde 8 a 27 camas individuales en literas. También existe la posibilidad de alojarse en el refugio Toubkal Les Mouflons, con habitaciones individuales y familiares privadas. Están situados a unos 3.200 metros de altitud y para llegar a ellos hay que recorrer algo más de 12 kilómetros desde Imlil, lo que supone una caminata de casi 5 horas, en las que se asciende 1.430 metros.
No hay que subestimar esta etapa, ya que caminar a esta altitud supone un gran esfuerzo. Se calcula que a más de 3.000 metros se gastan más de 4.000 calorías al día solamente caminando. Por ello se recomienda llevar snacks altos en carbohidratos, para mantener la energía y así enfrentarse con garantías a la cordillera del Atlas, un lugar considerado sagrado por los bereberes.
Los expertos recomiendan abandonar Imlil sobre las 08:00 para estar sobre las 14:00 en el refugio. Se sale de la calle principal para llegar a una zona escalonada que nos introducirá en un pequeño bosque y posteriormente en una pista forestal por la que dejaremos atrás definitivamente el pueblo.
Por delante nos espera una dura jornada en la que nos enfrentaremos a ríos, sendas zigzagueantes y terrenos empedrados. Poco a poco la vegetación irá disminuyendo hasta desaparecer por completo y ser sustituida por un paisaje de alta montaña, donde en épocas preinvernales es posible que comencemos a encontrar nieve.
A lo largo del camino que conduce desde el pueblo al refugio se recomienda hacer un descanso de una hora para comer algo y reponer fuerzas. Una vez se llega al refugio se puede disfrutar de un ambiente típicamente montañero, con baños compartidos y áreas de comedor. Unas instalaciones simples pero suficientes para descansar antes de intentar alcanzar la cima.
Cuando lleguemos al refugio debemos tener en cuenta que, por encima de los 3.000 metros, el denominado mal de altura se convierte en una posibilidad real. La sintomatología del mal de altura puede incluir náuseas, problemas para respirar, mareos, dolores de cabeza, fatiga y vómitos. Por ello, es fundamental que prestemos atención a nuestro cuerpo y no nos esforcemos si aparecen los síntomas. En estos casos hay que mantenerse convenientemente hidratado e intentar descansar para mantener la energía. Si los síntomas de malestar persisten, habrá que pedir ayuda y descender.

Ascenso a la cumbre
Tras realizar noche en el refugio, y terminar de aclimatarse a la altura, nos quedarán por subir unos mil metros de desnivel. Lo ideal es ver amanecer en la cumbre, y para ello habrá que abandonar el refugio sobre las 3:30, con el fin de hacer cima sobre las 7:30 u 8:00 de la mañana, en función del ritmo de la marcha.
El camino es exigente y se realiza bajo un cielo cuajado de estrellas y con la luz del frontal iluminando el sendero. Poco a poco se va ascendiendo, primero por el circo sur donde, hacia el oeste, se alcanza el cordal que te lleva hasta la cima por un camino empinado y rocoso.
Los primeros 900 metros son de fuerte desnivel y poco después se va ascendiendo de forma escalonada, alcanzando pequeñas colladas hasta llegar a una pedrera que suele estar desprovista de nieve al ser una zona azotada por el viento. Desde este punto nos quedarán entre 45 minutos y una hora y media de ascensión. Superada la pedrera el camino gira a la derecha y con las primeras luces del alba podremos adivinar nuestro objetivo. Se trata de una estructura metálica piramidal que significará que nos queda poco para llegar al punto más alto del norte de África. Los últimos 50 metros serán los más duros de realizar, pero las ansias por llegar nos proporcionarán la energía necesaria para completar la ascensión con éxito.
Alcanzar la cumbre con los primeros rayos de sol es una experiencia inolvidable. Si el día está despejado y el mar de nubes nos respeta se pueden ver unas hermosas vistas sobre las montañas del Anti Atlas, e incluso atisbar las llanuras que constituyen la puerta de entrada al Sáhara.

Toca descender
Tras una hora en la cumbre, e innumerables fotos después, toca descender. Para mantener el ritmo no hay que olvidar hidratarse correctamente y conservar la energía a base de productos como barritas energéticas o frutos secos. Si vamos con un guía, es preferible contratar a una persona que tenga conocimientos en fauna, flora geología y cultura bereber, lo que nos ayudará a estar entretenidos en el descenso y disfrutar de una experiencia única, más allá de sentirnos satisfechos por haber alcanzado el hito de alcanzar la cima del Toubkal.
En el Parque Nacional del Toubkal se pueden encontrar sabinas y encinas. Además, es una zona de aves, por lo que no será difícil ver pasar por nuestras cabezas especies como el águila real, el águila perdicera o el águila calzada, así como buitres y aves como la chova piquirroja. También es el hogar de diferentes tipos de reptiles endémicos. Y con mucha suerte quizá se pueda llegar a ver algún ejemplar de nutria, chacal, zorro, gato salvaje, puercoespín o gineta.
Dentro del Parque Nacional del Toubkal existen diferentes posibilidades de ruta. Se pueden hacer circuitos para escalar diferentes cumbres o realizar rutas por aldeas locales o rutas ornitológicas. Si no se va acompañado por un guía hay que informarse bien, especialmente acerca de las condiciones meteorológicas y el estado de los senderos por los que se piensa transitar.
Antes de abandonar la zona no hay que dejar atrás la oportunidad de vivir la experiencia bereber, que incluye disfrutar de la gastronomía, la artesanía local y las tradiciones y costumbres de los locales, que se muestran orgullosos de vivir a la sombra del Toubkal, un lugar soñado por montañeros de todo el mundo.
Subir al Toubkal no es solo una experiencia de alta montaña. Consiste, sobre todo, en superarse a sí mismo. La recompensa ante el esfuerzo será, tras disfrutar del camino y la hospitalidad bereber, unas maravillosas vistas desde la cumbre. No todos los días se está en el techo del Norte de África, con el Atlas a tus pies y el increíble Sahara adivinándose en la lejanía.







