Kasbah Tebi: a la luz de las velas en Aït Ben Haddou
La Kasbah Tebi, situada en el corazón de Aït Ben Haddou, es mucho más que un alojamiento. Este lugar te ofrece la oportunidad de alojarte en un espacio Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO y hacer un salto en el tiempo, cuatro siglos atrás.
Kasbah Tebi se encuentra a media hora en coche de Ouarzazate, en plena Ruta de las Mil Kasbahs. Esta antigua casa fortificada de origen bereber perteneció a la familia de Mohamed Ait Ougram, su actual dueño, y se mantiene de una manera muy similar a como fue construida. Aunque ha ido reformándose con el paso del tiempo, ha sabido conservar la esencia de antaño. Y eso es, precisamente, uno de sus encantos.
Aquí no llega la luz eléctrica, pero se sustituye por cientos de velas a la caída del sol, que hábilmente dispuestas por las escaleras y las zonas comunes, convierten al alojamiento en el lugar más romántico y mágico que uno podría imaginar. Hacer una parada en este hotel cuando se viene del desierto en dirección a Marrakech es un auténtico regalo para los sentidos.
Si el tiempo lo permite, la cena puede servirse en la terraza, a la luz de las velas y bajo un manto de estrellas, que brillan con fuerza por la falta de contaminación lumínica. Una vez que se van los turistas el silencio cae a plomo. Y si por la noche la oscuridad lo domina todo, la luz de la mañana regala unas inmejorables vistas del valle y del antiguo ksar, que parecen detenidos en el tiempo.

Desconexión digital
Para llegar a la Kasbah Tebi hay que coger un vehículo 4×4 que permita salvar el pequeño río que rodea el ksar de Aït Ben Haddou. Otra opción, si se deja el coche en el aparcamiento exterior, es que el alojamiento acuda en tu búsqueda y lleve tu equipaje al interior.
La Kasbah Tebi apuesta por la calidad, la hospitalidad y la comodidad de sus huéspedes. El alojamiento está situado justo delante de la puerta de Aït Ougram, uno de los cuatro accesos al Ksar de Ben Haddou. Se distribuye en cuatro niveles y ofrece varios salones y terrazas, además de diferentes y espaciosas habitaciones caracterizadas por sus cómodas camas y su decoración tradicional, en donde las paredes de barro se mezclan con las lámparas de metal, los tejidos artesanales y la madera trabajada a mano por la población local.
Desde la habitación Doble Delux a la Suite Familiar, pensada para alojar hasta 7 personas, las vistas a los jardines y al río hacen de estas estancias todo un sueño para el viajero. Al no tener instalación eléctrica, el alojamiento es perfecto para una desconexión digital, aunque si los huéspedes quieren seguir teniendo móviles operativos, bastará con llevar una batería externa con los que poder cargarlos.
La mejor época para alojarse es la primavera y el otoño, cuando el calor no aprieta y no son necesarias mantas extras. En verano, especialmente de junio a septiembre, el sol puede llegar a ser agobiante si se quieren hacer excursiones por la zona. En cambio, si se desea ir en invierno, el alojamiento ofrece, además de las velas necesarias para iluminar la habitación por la noche, mantas y una estufa no eléctrica que permite crear un ambiente cálido y una atmósfera relajante.

Gastronomía
Uno de los grandes placeres del alojamiento es disfrutar de su auténtica y tradicional cocina marroquí. Ensaladas, sopas, cuscús y tajines son elaborados diariamente con productos de temporada, comprados en mercados locales, o recogidos en el propio huerto. Y todo ello cocinado con el aceite de oliva producido en el propio alojamiento.
Además, si así lo solicitas, Mehdi, el chef del hotel, y Latifa, la esposa del propietario, te recibirán en la cocina para mostrarte los secretos de los deliciosos platos marroquíes y que puedas replicarlos al llegar a tu casa.
Patrimonio arquitectónico intacto
Aprovechar la estancia para visitar el ksar de Aït Ben Haddou de forma pausada es toda una experiencia. Dentro de las murallas defensivas se encuentran las casas, algunas más modestas y otras convertidas en auténticos castillos con sus altas torres angulares, rodeando las áreas comunitarias, como la plaza pública, la mezquita o los cementerios. Es fácil imaginar tiempos pasados, cuando este sitio era una de las paradas obligatorias de la ruta comercial que comunicaba el antiguo Sudán con Marrakech a través del valle del Dra.
De conservar el patrimonio arquitectónico sin que ningún elemento rompa el encanto de antaño se encarga el Centro para la Conservación y Rehabilitación del Patrimonio Arquitectónico de las Zonas del Atlas y Subatlas. Y es que, comparado con otras construcciones arquitectónicas de la región, el ksar de Aït Ben Haddou se encuentra excelentemente conservado e integrado en el entorno, gracias a que los materiales de construcción de las minuciosas rehabilitaciones siguen siendo tierra y madera.
A la entrada del ksar se encuentran viviendas habitadas y la zona aristocrática, junto a la mezquita, con casas ricamente decoradas de hasta cinco plantas destinadas a la población con mayor poder adquisitivo. Arriba, en la cima, el granero y el barrio judío, visiblemente más deteriorado. Y aunque hay pequeños albergues en el ksar, al no estar en la zona noble no gozan de la calidad y el encanto de la Kasbah Tebi.
Visitar este alojamiento, en pleno ksar de Aït Ben Haddou, permite retroceder en el tiempo. Al encanto de la antigua fortalece se le une el hecho de no disponer de electricidad, lo que hace que las diferentes estancias se iluminen con velas. Un lugar único, Patrimonio de la Humanidad, que merece la pena ser visitado al menos una vez en la vida.







