El ayn o mal de ojo y formas de protegerse en Marruecos
El ayn o mal de ojo, también conocido como al-ayn, es una creencia común muy arraigada en Marruecos y otras culturas árabes. Aunque el Islam condena la brujería y advierte contra el uso de amuletos por considerarlos prácticas supersticiosas, la idea de recibir una mirada envidiosa o malévola que pueda hacernos daño está muy presente en el día a día de muchos marroquíes.
Lo que realmente temen algunas personas de Marruecos es que alguien malintencionado pueda causarnos un sufrimiento injusto, o atraer como consecuencia de la envidia la mala suerte hacia nuestro hogar o negocio. Por este motivo, muchos marroquíes creen que es necesario protegerse de esta energía negativa, lo que hace que recurran a amuletos o rituales bajo la creencia de que tienen poder para repeler el mal de ojo y sus efectos nocivos.
Hay muchos símbolos de protección, suerte y bendición que los marroquíes utilizan para protegerse del mal de ojo, entre ellos la Mano de Fátima, también conocida como khamsa. Es uno de los más conocidos, pero también se utilizan objetos de color azul, minerales o ciertas hierbas y rituales que permiten “limpiar” el ambiente de las malas energías.
En general, los símbolos de protección, muchos de los cuales combinan un componente religioso con una creencia pagana, se han ido integrando en los hogares de los marroquíes como elemento a medio camino entre lo espiritual y lo terrenal.
Cuándo se utilizan los amuletos
Según las creencias orientales, los amuletos contra el mal de ojo son especialmente interesantes cuando una persona te ha elogiado de manera desmesurada, ya que existe la sospecha de que, en el fondo, te está deseando un daño por envidia o maldad.
Los rituales de protección también tienen lugar en momentos de la vida que suponen una transición vital, como el nacimiento, la llegada a la pubertad, el matrimonio o el parto. Cuando nace un bebé en Marruecos, por ejemplo, se susurra el “Adán” en el oído derecho del bebé por el padre o un familiar cercano, lo que constituye una forma de invocar la presencia de Dios en la vida del niño. Y como forma de protección, en algunas comunidades se aplica kohl en los ojos del bebé para resguardarlo de las energías negativas. También es habitual que se coloque algún objeto de ámbar en la habitación del pequeño o en sus juguetes preferidos.
Posteriormente, al séptimo día de su nacimiento, y en el transcurso de la ceremonia del Aqiqah, se corta un poco del cabello del niño y se pesa con oro o plata, en un gesto para invocar a la buena suerte.
En muchos casos, la necesidad de protección se vincula con el sentimiento religioso, ya que el profeta Mahoma reconoció la existencia y el peligro del mal de ojo (al-‘ayn), que se considera capaz de provocar sufrimiento, dolor o mala suerte. Esta mirada cargada de envidia o resentimiento se percibe como una posible fuente de daño espiritual o físico. Frente a ello, y aunque los eruditos islámicos discrepan sobre el uso de amuletos, existen hadices en los que el Profeta recomendó ciertos actos de purificación —como el baño o la recitación de oraciones— para contrarrestar los efectos del mal de ojo.

La khamsa o Mano de Fátima
El nombre de Fátima hace alusión a la hija del profeta Mahoma, Fátima az-Zahra, venerada por su bondad y su fe, lo que convierte al símbolo de la Mano de Fátima en un emblema de protección divina. Sin embargo, el origen de la khamsa es aún más antiguo, que ya se utilizó en civilizaciones bereberes y fenicias anteriores al Islam. Estas poblaciones consideraban a este amuleto un protector de carácter sagrado y un elemento atrayente de suerte y fortuna, además de un escudo contra el mal de ojo.
El término khamsa significa “cinco” en árabe y se refiere a los cinco dedos de la mano, aunque también hace alusión a los cinco pilares del Islam -profesión de fe, oración cinco veces al día, ayuno en el Ramadán, limosna y peregrinación a la Meca-, atribuyendo así al símbolo pagano un carácter religioso. En este caso, la mano abierta con el índice y el anular de un tamaño similar y el corazón de mayor altura, es un signo de resistencia ante las energías negativas que, a su vez, ayuda a mantener la paz interior y la calma ante los acontecimientos adversos. Los marroquíes creen que la Mano de Fátima, con su poder protector femenino, otorga bendiciones a su propietario.
De esta manera, la khamsa aparece en muchos hogares marroquíes, muchas veces colocada en la puerta de entrada a modo de llamapuertas, pero también en tapices, alfombras u objetos artesanales de decoración. Hay casas en las que la Mano de Fátima está pintada en paredes o grabada en cerámica, pero también hay marroquíes que prefieren llevar el amuleto siempre consigo en forma de joya. Por este motivo se venden collares, pulseras y anillos con este talismán como protagonista.
Los turistas, además, pueden encontrar la Mano de Fátima en todo tipo de objetos, desde bordados en bolsos hasta velas con esta forma, pasando por tatuajes temporales en henna.

El ojo azul o nazar
El ojo azul o nazar, también conocido como “ojo turco” u “ojo griego”, es otro amuleto utilizado para repeler la energía negativa y el mal de ojo. La palabra árabe nazar deriva de nazara, que significa “vista” o “ver”. Se cree que este amuleto absorbe la envidia y los malos deseos que se transmiten a través de la mirada.
El ojo simboliza el portal de nuestra alma y es aquel que refleja nuestras emociones. Habitualmente se compone de círculos concéntricos. El más interno tiene color azul oscuro y está rodeado de otro de color azul claro, que a su vez se envuelve en color blanco y otra vez en una tonalidad azul oscuro. El color azul del nazar simboliza la verdad y la pureza, y se suele combinar con la Mano de Fátima en los hogares.
Lo ideal es colgar el ojo azul a la entrada de las viviendas para desviar las malas energías. También se encuentra en el umbral de numerosos negocios, e incluso cosido en las ropas de los bebés o lucido a través de colgantes para evitar que las malas vibraciones puedan afectar a la persona que lo porta. Esto es así porque se cree que los bebés son altamente vulnerables al mal de ojo, ya que no tienen las defensas energéticas necesarias para combatirlo. Este es el motivo por el que los adultos protegen a los niños, especialmente en los primeros días después de su nacimiento, que es cuando la familia recibe más visitas y el bebé está más expuesto.
En general, se considera que el mal de ojo provoca en los bebés episodios de llanto incontrolado, falta de apetito, vómitos, diarrea, daños dermatológicos o problemas de sueño. En los adultos, puede inducir a cambios de humor, nerviosismo o miedo, además de alteraciones del sueño y cansancio extremo. Los marroquíes más supersticiosos creen que los ancianos y las embarazadas también son, junto a los bebés, los más vulnerables y susceptibles al mal de ojo.
Sahumerios con hierbas e incienso
En Marruecos es bastante habitual recurrir a herboristas tradicionales para obtener hierbas curativas que combatan el mal de ojo. Esto se debe al peso de unos arraigados conocimientos del entorno natural y a los usos tradicionales de las plantas para todo tipo de situaciones, una herencia del saber de bereberes y africanos subsaharianos.
En algunas zonas rurales se llevan a cabo rituales de purificación, como la limpieza con hierbas o el uso de ciertos minerales para contrarrestar los efectos de las malas energías. También hay marroquíes que realizan la quema de incienso en los hogares. Para ello, el incienso se coloca en un hornillo de terracota, con carbón incandescente, y a medida que va soltando humo el hogar se va limpiando y llenando de bendiciones.
El incienso y las hierbas se encuentran fácilmente en las poblaciones rurales, pero también en las grandes ciudades como Marrakech, Fez o Tetuán, donde es común que los comerciantes dejen a un lado las balanzas para pesar directamente con la mano, utilizando los puñados y los pellizcos como medida. Hay tiendas orientadas a la venta de hierbas de todo tipo, pero también se pueden encontrar en tenderetes de los zocos o en puestos situados junto a los santuarios.
En los rituales de sanación, la purificación se realiza a través de sahumerios con la quema de ingredientes cotidianos como romero, laurel, azúcar y ajo sobre carbones incandescentes, lo que contribuye a limpiar el aire de malas energías. Además, se pueden quemar granos de trigo o clavos de olor para hacer más efectivo y agradable el proceso.
Hay marroquíes que para protegerse prefieren realizar baños de purificación con agua hervida con sal gorda, lo que, según las creencias populares, contribuye a cortar la energía negativa. Por último, hay quien utiliza piedras de cuarzo, colocadas estratégicamente bajo la almohada o al lado de la cama, bajo la creencia de que permiten absorber la energía negativa mientras la persona duerme.

Fórmulas secretas y protección para deportistas
En Marruecos, especialmente en las aldeas, hay personas que dicen tener la fórmula secreta para curar el mal de ojo. Para que la oración sea efectiva, hay que conocer el nombre completo de la persona a la que se quiere proteger y susurrar las palabras mágicas, que se transmiten en secreto de generación en generación. Por lo tanto, hay familias que, tradicionalmente, aseguran tener el don de bloquear el mal de ojo.
Pero no solamente la población rural lucha contra las energías negativas. Hay deportistas, especialmente los más supersticiosos, que se tatúan un ojo azul o una Mano de Fátima en la extremidad que más utilizan en su práctica deportiva con el fin de bloquear las envidias y malos augurios. Esta práctica es, además, una llamada a las bendiciones y la buena suerte en la competición.
Y ya lejos de los ámbitos deportivos, hay personas que llevan el amuleto en su muñeca o en la funda de su teléfono móvil, al ser un objeto que portan habitualmente y que permanece siempre cerca.
Figuras contra el mal de ojo
Según un estudio publicado por el instituto estadounidense Pew Research Center, el 80% de los marroquíes cree en el mal de ojo. Muchas de esas personas acuden a dos figuras que están especializadas en cortarlo de raíz. Una de ellas es la chowafa, que puede curar el efecto de un maleficio. También está el fkih, una especie de curandero que usa el Corán con fines terapéuticos para sanar a quienes sufren mal de ojo o están habitados por genios. El problema es que muchas de las personas que dicen estar bajo los efectos de un maleficio, lo que en realidad tienen son problemas mentales no diagnosticados.
En cualquier caso, la necesidad de protegerse contra el mal de ojo ha trascendido de países como Marruecos al resto del mundo occidental. Celebridades como Madonna, Mick Jagger, Cameron Diaz, Brad Pitt, Kim Kardashian o Rhianna han sido fotografiadas llevando amuletos contra el mal de ojo, bajo la creencia que demasiada fama, riqueza, éxito o dinero puede atraer la mala suerte.
El mal de ojo, una creencia muy arraigada en Oriente y en países como Marruecos, ha traspasado las fronteras porque el concepto del infortunio causado por la envidia de otros es universal. Creer que un amuleto, talismán o ritual puede contrarrestarlo es aferrarse a una sensación de protección que todos los seres humanos necesitamos.







