Zoo de Rabat, un día de lleno de naturaleza, diversión y aprendizaje
Hay lugares que quizá uno no tiene en mente cuando prepara un viaje, pero que acaban convirtiéndose en uno de los mejores recuerdos. Si vas a Marruecos con niños, y tienes pensado pasar más de un día en Rabat, incluir su Jardín Zoológico Nacional en tus planes puede convertirse en una experiencia divertida y enriquecedora. Una actividad en la que, además de ver la fauna marroquí y africana más destacada, puedes compartir momentos con la población local y disfrutar del contacto directo con el mundo natural.
La llegada al zoo ya deja muy altas las expectativas de la jornada. A la entrada, un enorme león de piedra recibe a los visitantes y se ha convertido en un punto de fotografía casi obligatorio. Tras inmortalizarse, accedes al recinto y, cerca de la entrada, una zona de picnic sombreada con bambú ofrece mesas y bancos donde descansar o comer, en un entorno animado por la presencia de pavos reales que se mueven libremente entre la gente.
A partir de ahí, el visitante se sorprende al encontrar un recinto de enormes dimensiones, que incluso supera a algunos parques temáticos españoles. Viendo las enormes distancias del zoo comprendes que es necesario invertir algo más de una mañana en verlo completo.
Un lugar lleno de vida
Conviene llegar temprano, sin olvidar llevar gorro y protección solar. Además, si viajas con niños el carrito es prácticamente imprescindible. El propio zoológico de Rabat ofrece alquiler de cochecitos de bebé, lo que facilita bastante la experiencia. Del mismo modo, dispone de sillas de ruedas y garantiza la accesibilidad de todas sus instalaciones para personas con movilidad reducida. También cuenta con un aparcamiento abierto durante todo el día, con plazas reservadas.

Pero más allá del tamaño del recinto o los servicios que ofrece, lo que verdaderamente define la visita, además de los animales que podemos ver y las actividades que podemos realizar, es el ambiente que se respira. El zoológico está lleno de vida, y no solo por los animales que lo habitan. Es habitual que numerosos grupos escolares visiten el zoo, acompañados por sus profesores. Los niños son fácilmente identificables por sus gorras escolares y petos de diferentes colores. Se acercan con curiosidad a los visitantes, te piden una foto, preguntan de dónde vienes y, en muchos casos, lo hacen en español.
Algunos escolares proceden de otras localidades cercanas, como Larache, lo que refuerza esa sensación de estar en un espacio muy bien valorado por la población local, con quien es casi imposible no establecer contacto. Esta interacción resulta especialmente interesante y divertida si vamos con niños.
Todo ello sucede en un entorno cuidado y limpio. Los carteles presentes están en francés, por lo que muchos visitantes optan por utilizar traductores en el móvil para comprender mejor la información. Por otro lado, muchas personas echan de menos más paneles explicativos sobre los animales que se pueden observar.

Cinco ecosistemas africanos
El diseño del zoológico está pensado para reproducir ecosistemas africanos en lugar de organizar los animales en recintos aislados. En total, se recrean cinco grandes hábitats que permiten al visitante recorrer el continente africano a través de sus paisajes y su fauna, con instalaciones amplias en las que los animales viven en régimen de semilibertad. Esta concepción, además, permite observar especies propias de la fauna marroquí y africana que no son tan habituales en zoológicos europeos, lo que añade un valor añadido a la visita.
Las montañas del Atlas constituyen el primer hábitat. El relieve del Atlas Medio se recrea mediante dos colinas y afloramientos rocosos de hasta catorce metros de altura, y en este entorno se pueden observar especies como el macaco de Berbería, el muflón, la ardilla de Berbería o el murciélago frugívoro egipcio, además del simbólico león del Atlas.
La sabana, por su parte, ofrece una de las estampas más espectaculares del recorrido, con grandes llanuras rodeadas de vegetación donde habitan elefantes, leones, jirafas, rinocerontes blancos, avestruces africanas, babuinos, hienas manchadas, puercoespines o buitres leonados, entre otros. Es un espacio que destaca por su amplitud y por la posibilidad de observar a los animales en un entorno que recuerda visualmente a su hábitat natural y que en ocasiones parece incluso quedarse grande ante el número de ejemplares que se pueden observar.

El ecosistema del desierto se presenta en forma de paisajes arenosos y rocosos que albergan especies adaptadas a entornos saharianos. Aquí aparecen animales como el oryx o el addax, distintas especies de gacelas, zorros del desierto, mangostas egipcias, tortugas sulcata, dromedarios, avestruces de cuello rojo o incluso leones blancos.
Por su parte, los humedales constituyen otro de los puntos más interesantes del recorrido, tanto por su fauna, compuesta por, entre otros, flamencos rosas, pelícanos blancos, nutrias europeas, búfalos africanos, hipopótamos o cocodrilos del Nilo, como por la propia estructura de observación, que permite contemplar a algunos de estos animales bajo el agua, creando una curiosa sensación de proximidad.
Finalmente, la selva tropical propone un recorrido inmersivo que reproduce sonidos y olores del bosque, y donde se pueden observar especies como chimpancés, lémures, mandriles, ibis calvos, grullas coronadas, pavos reales blancos, gatos cervales o monos de patas, además de un gran aviario.

Vivirlo desde dentro
A lo largo de todo el recorrido aparecen además espacios complementarios que enriquecen la visita. El museo del zoológico permite explorar el patrimonio paleontológico de Marruecos y la historia de la presencia animal en el país desde finales del periodo Terciario hasta el Cuaternario. A través de restos fósiles y sus correspondientes explicaciones se busca sensibilizar al visitante sobre la importancia de conservar este legado, y para ello incluye la proyección de documentales científicos, especialmente interesante para jóvenes deseosos de saber más acerca del legado que esconde el suelo marroquí.
Por su parte, el vivario ocupa una superficie aproximada de 1.700 metros cuadrados y alberga más de 150 animales, con alrededor de cuarenta especies de reptiles africanos, incluyendo serpientes, lagartos, tortugas y anfibios. Están distribuidos en seis zonas que reproducen distintos ecosistemas del continente, desde Marruecos hasta Madagascar.
Si se dispone de tiempo, el día en familia se puede completar con alguna de las actividades educativas que ofrece el zoológico. Así, los visitantes pueden asistir a sesiones de alimentación de diferentes especies, como los macacos de Berbería, los pelícanos blancos, los flamencos rosas o los buitres leonados, lo que permite tener más información acerca de sus dietas y sus necesidades nutricionales. Además, si se accede al zoo desde su apertura, es habitual encontrar a muchos animales con la comida recién servida, lo que se traduce en un momento especialmente activo y atractivo para observar sus comportamientos durante la alimentación.
También existe la posibilidad de participar directamente en la alimentación de las jirafas desde una plataforma especialmente diseñada y bajo la supervisión de un cuidador. Además, el zoo organiza visitas guiadas para grupos, dirigidas por equipos educativos y veterinarios, que incluyen un recorrido por los cinco ecosistemas africanos mientras los profesionales ofrecen explicaciones detalladas. Y si la amplitud de las instalaciones supone un hándicap para ti y el recorrido a pie no es una opción, el zoo dispone de un servicio de taxi interno en carrito de golf.

Interesantes talleres educativos
La oferta del zoo está pensada para ofrecer experiencias para públicos de diferentes edades, gustos y necesidades. Para las empresas, el zoológico de Rabat organiza actividades orientadas a que su personal pueda reducir el estrés laboral con una divertida actividad. En el conocido como “el sendero de los exploradores”, los profesionales tienen que superar pruebas y resolver acertijos, lo que favorece el desarrollo de la habilidad del trabajo en equipo de los participantes.
Por otra parte, durante las vacaciones escolares, el programa Zoo Campus ofrece a niños de entre seis y doce años visitas guiadas, talleres educativos, juegos y actividades artísticas como pintura, reciclaje o elaboración de moldes de yeso, siempre bajo la supervisión del coordinador educativo. Además, las familias pueden celebrar cumpleaños infantiles en la sala situada en el corazón de la granja educativa. Y es que esta granja, que ocupa nada menos que cinco hectáreas, es uno de los espacios que más gusta a los niños, ya que pueden realizar actividades ecológicas y labores agrícolas como el ordeño o el esquileo, además de interactuar con los animales y aprender sobre su alimentación.
A todo este programa se suman los talleres educativos de unos 45 minutos de duración que el zoo programa a diario. Están centrados en temas como la dieta animal, la clasificación de especies o la jardinería, y están dirigidos a niños de entre cinco y doce años. Estas actividades permiten a los pequeños descubrir a los animales de los cinco ecosistemas africanos y comprender la importancia de la biodiversidad y la conservación de la fauna y la flora marroquí.
Programas de conservación natural
En paralelo a su dimensión divulgativa, el zoológico de Rabat desempeña un papel activo en la conservación de la vida silvestre, albergando especies en peligro de extinción en Marruecos y desarrollando programas orientados a especies que han desaparecido en estado salvaje en el país.
Entre los programas más destacados se encuentran los dedicados al león del Atlas, a los antílopes como el addax o el oryx cimitarra, y al ibis calvo, una especie extremadamente rara cuya última colonia se encuentra en Marruecos. Estas iniciativas se desarrollan en colaboración con instituciones nacionales e internacionales y se complementan con programas de investigación científica centrados en el comportamiento, la biología y la salud de las especies. Además, el zoológico ofrece la posibilidad de apadrinar animales como forma de contribuir a su protección.

Más cerca de lo que imaginas
La experiencia del visitante, por otro lado, se completa con una amplia oferta de servicios. El recinto cuenta con varios puntos de restauración, como la franquicia Konopizza en la zona de llegada o el restaurante Out of Africa en la parte dedicada a la sabana, además de cinco quioscos de comida rápida distribuidos por distintas áreas del parque.
Existe también una tienda de recuerdos, tanto física como online, donde adquirir productos relacionados con la visita, así como una sala de conferencias equipada para acoger presentaciones, seminarios, talleres, proyecciones o ruedas de prensa, con capacidad para un centenar de personas.
Ubicado en el distrito de Yacoub El Mansour, en el llamado Cinturón Verde de Rabat, el zoológico es accesible en taxi y mediante transporte público, con varios autobuses que llegan hasta esta zona, como las líneas 7, 18, 40 y 45. En cuanto a los horarios, varían según la época del año y el periodo del Ramadán.
Si viajas con niños o quieres entrar en contacto con el mundo natural y conocer más sobre la fauna local y africana, el zoológico de Rabat ofrece una experiencia que va más allá de la simple observación de animales. Es una oportunidad de aprender, divertirte y entrar en contacto con la población local en un entorno que superará las expectativas de quienes buscan una actividad diferente y enriquecedora durante su estancia en la ciudad.







