León del Atlas: extinto hace décadas… ¿o quizá no?
El león del Atlas, también conocido como león de Berbería, es la imagen icónica que nos viene a la cabeza cuando pensamos en un león y el símbolo felino más utilizado en mosaicos, cerámica, pintura, heráldica y escultura a través de los siglos.
La fascinación por esta especie hizo que emperadores romanos como Pompeyo o Julio César tuvieran decenas de ejemplares en su cortejo, probablemente por el asombro que despertaba su carácter, tan feroz que provocó que se utilizaran en las batallas de fieras contra gladiadores en el Coliseo.
Los británicos, por su parte, conservaban algunos leones del Atlas nada menos que en la Torre de Londres, aunque finalmente estos ejemplares fueron trasladados al zoo de la ciudad por orden del duque de Wellington. Uno de estos animales, “Sultán”, fue el felino más famoso de este zoo, hasta su muerte, en 1896.
Un león de gran tamaño
Originario del norte de África, el león del Atlas se caracteriza por su masa corporal, que lo convierte en la tercera subespecie de mayor tamaño de león. También llama la atención su anatomía muscular, muy parecida a la del tigre de bengala y el jaguar, y su característica y frondosa melena oscura, que cae sobre el pecho y los costados, contrastando con su pelaje de color arena claro.
Los biólogos creen que su gran tamaño era reflejo de su condición solitaria, ya que, a diferencia de otros leones, el del Atlas cazaba y vivía solo, por lo que no tenía que compartir la comida con la manada. También pudo influir en su gran envergadura el hecho de vivir en una zona con temperaturas bajas, como son los oscuros bosques de pinares y cedros de la montaña del Atlas, lo que podría haber provocado que esta especie animal tuviera patas robustas, globos oculares más grandes para una mejor visión nocturna y más grasa corporal.
De hecho, es probable que al león se le conozca como “el rey de la selva” no solo por su aspecto imponente de más de tres metros y un peso alrededor de los 300 kilogramos, sino por la traducción del término latín “silva”, referido a “bosque cerrado”. En cualquier caso, este animal no solo vivió en las montañas del Atlas, sino que se extendió por todo el Norte de África, llegando hasta el Sáhara en busca de comida. Su menú favorito eran ciervos, cebras, jabalíes, búfalos, antílopes o inclusos asnos salvajes.
Marruecos, un país de leones
Hasta el siglo 1880, Marruecos fue un país de leones. Históricamente, esta especie se ofrecía a cambio del pago de impuestos y como uno de los regalos más preciados para casas reales como la de Marruecos o la de Etiopía.
Con el paso del tiempo y la desertización del Sáhara, que motivó la desaparición de los grandes herbívoros, el león del Atlas se convirtió en un animal codiciado para los cazadores y odiado por los pastores de burros, cabras y dromedarios por los ataques constantes a sus animales. La introducción de las armas de fuego, el auge del consumo de carne de león, el aumento del tráfico de los huesos de león como afrodisiaco para el mercado asiático y la construcción de carreteras provocaron que cada vez hubiera menos leones. Y viendo que la extinción era casi eminente, se comenzaron a recluir a algunos ejemplares en zoológicos para evitar una extinción que parecía inminente e irreversible.
De esta manera, por orden de la casa real marroquí, en 1922 llegaron al Zoo Real de Temara algunos leones del Atlas que en 1975, tras una enfermedad respiratoria que acabó con numerosos ejemplares, fueron cedidos al Zoo de Rabat, que ya poseía algunos de los leones que en su momento formaron parte del séquito de los sultanes. La dificultad de la crianza en cautiverio, ya que los partos de las leonas de Atlas son de por sí difíciles, terminó por reducir aún más la población y contribuyó a impulsar el cruce con otros leones de diferente especie.
El último león de Marruecos
Algunas fuentes apuntan a que el último león del Atlas en libertad fue un macho que murió tiroteado en 1922, mientras que hay expertos que aseguran que el último ejemplar del que se tiene constancia cayó abatido en 1942 cerca de Marrakech. En cualquier caso, lo cierto es que los lugareños, hasta la primera mitad de la década de los 40, manifestaban de vez en cuando haber visto algún ejemplar en libertad. Después, llegó el silencio. Nadie volvió a ver nunca a un león del Atlas… hasta comienzos de 2024.
Cuando todo el mundo daba por extinguido al león de Atlas como animal en libertad, nada más comenzar 2024 saltaron todas las alarmas cuando se apuntó la posible aparición de un ejemplar en Jenifra, a unos 160 kilómetros de Fez. Supuestamente atacó a un rebaño de ovejas, y fueron las huellas aparecidas las que pusieron en alerta a documentalistas, investigadores y biólogos.
Mientras se estudiaban los indicios existentes, las autoridades locales reforzaron la búsqueda del animal con campañas de rastreo intensivas en los bosques de la región. Finalmente, no se encontró al supuesto león del Atlas, pero los resultados de las huellas, según un documental emitido en el canal oficial “Al-Oula”, hablaban de grandes coincidencias con las medidas de las huellas de los ejemplares de antaño.
Un proyecto inacabado
Lograr tener más ejemplares del león del Atlas en libertad ha sido un sueño común de numerosos colectivos. La primera propuesta de reintroducción de esta especie en un parque nacional ubicado en el Atlas marroquí surgió en 1978, pero finalmente no se llevó a cabo.
Por otro lado, la empresa WildLink International, en colaboración con la Universidad de Oxford, propuso en su día un plan para recuperar a esta especie y reintroducirla en alguna zona protegida. El plan conllevaba un estudio del ADN de ejemplares disecados en museos europeos con el propósito de establecer el patrón genético de la especie y así determinar el grado de mestizaje de los leones que hoy permanecen en cautividad. Una vez elaborado el estudio, los leones más puros que aún habitan en los zoos serían sometidos a una cría selectiva y los ejemplares obtenidos estarían destinados a vivir en libertad.
Algunos zoológicos, como el de Rabat, Tampa, Madrid, Adís Abeba o Sudáfrica, que afirmaban tener leones del Atlas más o menos puros, se mostraron interesados. Paralelamente, se tomaron muestras de leones disecados en diferentes museos europeos, como el de Berlín, donde se encontró un león perteneciente a la colección de animales que en su día tuvo el Rey de Marruecos y por tanto, descendiente directo del león del Atlas. Pero a pesar de los avances, WildLink International se retiró a última hora del proyecto, que quedó estancado. Universidades como las de Michigan lo han retomado y han comenzado a buscar financiación, demostrando que la fascinación por el león del Atlas sigue hoy más viva que nunca.
Los leones del Atlas son tan icónicos que aparecen en grandes esculturas como las de Trafalgar, en Londres, o en cuadros como El Cid, de Rosa Bonheur, en el Museo del Prado. Hoy en día, para ver algunos de sus descendientes, más o menos puros, hay que acudir a un zoológico, donde se lucha por conservarlos a la espera de que, quizá algún día, se encuentre la financiación necesaria para replicarlos e introducirlos en reservas naturales.
De fuerte complexión y carácter fiero, todo el mundo reconoce la fisionomía propia del león del Atlas, que en su día le convirtió en el rey de la selva. Inquilino de los bosques del Atlas y del Sáhara hasta su desertización, se le considera una especie extinta en libertad, si bien cada cierto tiempo surgen voces que aseguran haberle visto en tierras marroquíes. Lo único probado es que el león del Atlas sigue más vivo que nunca en la imaginación y en la cultura popular.







