20 planes a la sombra para viajar a Marruecos en verano
Marruecos, tierra de contrastes y matices, esconde lugares que te permiten descubrir un verano a la sombra, tejido con brisas marinas, montañas, lagos, paisajes y actividades en las que se respira calma.
Algunas medinas serpentean a la orilla del mar, senderos donde el calor no aprieta tanto y ciudades que proponen planes que comienzan al amanecer, cuando el sol apenas asoma en el horizonte. El resultado es un verano más amable, donde poder respirar belleza y autenticidad a cada paso. Estos son algunos de los planes que permiten huir del calor en Marruecos y disfrutar de la tranquilidad en un verano de días largos e intensos:
1. Chaouen, una ciudad azul entre montañas
En las estribaciones del Rif, Chaouen utiliza el color azul de sus callejuelas y puertas talladas para ofrecernos un respiro, y con sus patios llenos de buganvillas recrea un ambiente casi onírico. Todo aquí invita a ir despacio. Los gatos dormitan, los cafés invitan a sentarse a tomar algo sin mirar el reloj y las escaleras se abren en balcones sobre el valle.
Cuando el sol está en lo más alto, una excelente opción es descubrir su pequeño museo etnográfico, que muestra objetos tradicionales de la región y permite entender mejor la identidad local. Y ya cuando el sol ha caído, el entorno montañoso regala una ligera brisa, que permite entender por qué muchos la consideran una de las ciudades más agradables para visitar, incluso en los meses más cálidos.

2. Rutas entre pozas y silencio en Akchour
A unos treinta kilómetros de Chaouen se encuentra Akchour, uno de los paisajes más sorprendentes del norte de Marruecos. Ofrece rutas para todos los niveles, entre vegetación y arroyos. Caminando junto al río se alcanzan varias cascadas, y una de las rutas lleva hasta el impresionante “Puente de Dios”, un arco natural de piedra que parece sostener el cielo.
El sonido constante del agua, las sombras y la posibilidad de bañarse en pequeñas pozas convierten este rincón en una alternativa perfecta para quienes buscan una naturaleza tranquila, donde el silencio, quizá roto por las risas de los niños, se convierte en protagonista.
4. Ifrane y su ambiente alpino
Conocida como la “pequeña Suiza”, Ifrane sorprende al visitante con un urbanismo limpio, parques cuidados y numerosas fuentes, que la convierten en un lugar insólito, muy diferente al resto de Marruecos. Más allá de su arquitectura alpina, muchas personas la eligen en verano por su ambiente fresco y la tranquilidad que ofrece.
A más de 1.600 metros de altitud, las temperaturas se moderan en pleno verano. Disfrutar de sus jardines o descansar junto al lago Dayet Aoua es algo que no deberías perderte.
5. Descubrir el valle de Aït Bouguemez
En pleno Alto Atlas central, entre cumbres y terrazas de cultivo, se extiende el valle de Aït Bouguemez. Aquí, donde el tiempo no se mide en relojes, sino en saludos entre vecinos, el auténtico lujo es disfrutar del entorno, viendo cómo juegan los niños.
Con una altitud cercana a los 2.000 metros, este valle un paraíso en verano, con mañanas frescas y noches estrelladas. Un paréntesis para olvidarse del calor y disfrutar de lo más auténtico de Marruecos.
6. Imlil, a los pies del Toubkal
A una hora y media de Marrakech, Imlil es una ventana abierta a las montañas. Esta población es la antesala del Toubkal, el pico más alto del norte de África, y también un rincón perfecto para quien busca la alta montaña, pero también pasear entre nogales y riachuelos, y descubrir los pequeños pueblos de alrededor, colgados de la montaña.
El aire limpio, la sombra de los árboles y el murmullo de las acequias hacen que incluso las horas centrales del día se vivan sin prisas ni agobios, disfrutando de cada momento y del simple hecho de estar.

7. El rumor del agua en el valle de Ourika
El valle de Ourika es uno de los destinos favoritos de quienes viven en Marrakech y quieren escapar del calor sin ir demasiado lejos. Entre todos sus pueblos, Setti Fatma destaca por su entorno privilegiado. Si quieres disfrutarlo solo tienes que recorrer el sendero que trepa por la montaña y que te ofrecerá, una tras otra, siete pequeñas cascadas.
Al caminar entre vegetación y agua, el cuerpo se va adaptando al ritmo tranquilo de esta parte de Marruecos. En las terrazas junto al río, en esta época del año, verás a familias locales comiendo y disfrutando del día. Es la playa particular de quien la tiene a kilómetros de distancia.
8. Asómbrate con las cascadas de Ouzoud
Al este de Beni Mellal, las cascadas de Ouzoud ofrecen un espectáculo natural majestuoso: más de cien metros de caída de agua entre acantilados verdes. A su alrededor, una red de senderos permite verlas desde todos los ángulos, acercarse al fondo en barca o incluso darse un baño en las zonas más tranquilas.
La humedad del entorno, la sombra que proyectan los barrancos y la vegetación exuberante hacen de este lugar una isla climática donde pasar un día completo sin que el calor domine tu jornada.
9. Lago Bin el Ouidane
El lago artificial Bin el Ouidane, rodeado de colinas y montañas suaves, es una joya para quienes buscan un plan que incluya el agua, pero sin ser un destino masificado. Aquí se puede alquilar un kayak, navegar en barca, practicar paddle surf o simplemente tenderse junto a la orilla con un libro y mucho tiempo por delante.
La brisa que cruza el lago de lado a lado y la posibilidad de refrescarse a cualquier hora del día convierten a este lugar en uno de los destinos estivales más apetecibles del centro de Marruecos.

10. Essaouira: la ciudad del viento
La luz de Essaouira tiene algo de cinematográfico, como si todo en esta ciudad estuviera diseñado para asombrar al visitante. Sus murallas, sus barcas azules y su medina salpicada de talleres, cafés y galerías de arte la convierten en una de las ciudades más atractivas de Marruecos, siempre llena de propuestas interesantes.
Pero si hay algo que marca la diferencia en verano es el viento constante que sopla desde el océano. Gracias a él, la temperatura se mantiene agradable para pasear, si quieres planes tranquilos, o para hacer kitesurf, si lo tuyo son las emociones fuertes.
11. Sidi Kaouki, una playa salvaje detenida en el tiempo
A unos 25 kilómetros al sur de Essaouira se encuentra Sidi Kaouki, una playa detenida en el tiempo. Su fina arena y la tranquilidad que lo impregna todo hacen de este rincón un refugio perfecto para quienes buscan planes alternativos en verano.
Aquí no hay aglomeraciones ni ruidos, solo el sonido del mar y una brisa constante que refresca incluso los días de más calor. La playa permite largos paseos al amanecer o al atardecer, baños sin prisas y tardes enteras para realizar las que probablemente se convertirán en las mejores fotografías de tu verano.
12. Perderse por la ciudad portuaria de El Jadida
Ciudad portuaria con pasado portugués, El Jadida es famosa por su trazado amurallado y una cisterna subterránea con ecos infinitos. Aquí, la brisa marina, que todo lo impregna, obliga a cerrar los ojos para disfrutar del momento más intensamente.
Caminar por su fortaleza, perderse por la medina o mirar el atardecer desde el malecón es parte del encanto. Gracias a su cercanía al mar, el ambiente en esta ciudad es más suave que en el interior.
13. Paseos por la corniche de Casablanca
Aunque es la capital económica del país y una ciudad siempre vibrante, Casablanca también ofrece momentos de tranquilidad, especialmente al caer la tarde, cuando su corniche junto al mar se llena de familias, pescadores y jóvenes conversando mientras ven llegar y marcharse las olas.
La brisa atlántica hace disminuir los grados y la inmensidad del océano contrasta con el bullicio urbano que se despliega en el centro de la ciudad. Desde la mezquita Hassan II hasta los cafés al aire libre, todo invita a mirar al horizonte y respirar hondo.

14. Asilah y Larache, dos ciudades costeras
Asilah y Larache comparten raíces árabes, andalusíes y portuguesas, pero cada una tiene su propio carácter. Asilah, famosa por sus murales, sus calles blancas y su ambiente artístico, ofrece una medina de lo más fotogénica. Larache, con un sabor más local y relajado, permite saborear la sencillez del día a día.
Ambas gozan de temperaturas suaves durante los meses de verano, gracias a los vientos del Atlántico. Son lugares donde apetece caminar sin rumbo, probar pescado fresco y dejar que el día se deslice sin ninguna urgencia.
15. Recorrer el parque nacional de Tazekka
Cerca de Taza, el parque nacional de Tazekka es un pulmón verde entre infinitas llanuras secas. Con gargantas suaves, cuevas y bosques de cedros y encinas, este espacio natural es perfecto para realizar bonitas rutas de senderismo.
La altitud y el entorno boscoso mantienen una temperatura agradable incluso en los días más calurosos. Si te gusta caminar en silencio, escuchando tan solo el crujido de las ramas secas bajo tus pies, esta escapada, lejos del turismo más masificado, te resultará inolvidable.

16. Talleres de cocina en un riad
Los talleres de cocina son una ventana abierta a la vida cotidiana de Marruecos y algo que podrás disfrutar incluso a tu vuelta, cada vez que repliques los platos que aprenderás. Los encontrarás en numerosas ciudades, a cargo de mujeres bereberes que te enseñarán a preparar tajines aromáticos o dulces con almendra y miel, mientras se comparten risas y consejos.
El ambiente fresco de los riads hace que esta experiencia sea una de las más solicitadas cuando el calor aprieta, especialmente en las horas centrales del día, y no apetece salir del alojamiento.
17. Yoga al amanecer
En valles como Ourika, Imlil o el de Ait Bouguemez han surgido pequeños espacios dedicados al bienestar personal. Algunos de los alojamientos locales tienen terrazas con bonitas vistas y ofrecen sesiones de yoga o meditación al borde de la naturaleza, cuando está amaneciendo.
La temperatura a esas horas es perfecta, y la luz dorada de la mañana convierte esta experiencia en un momento de conexión no solo contigo, sino también con el paisaje, en un ritual que permite vivir momentos de autoconocimiento en tus vacaciones.
18. Picnic entre cedros en Azrou
Los bosques que rodean Azrou son el destino favorito de muchas familias marroquíes que huyen del calor de las ciudades, especialmente los fines de semana. Aquí no se necesita mucho: una alfombra, algo de fruta, pan recién hecho y té.
El canto de los pájaros, la sombra abundante y la brisa que se cuela entre los árboles crean un ambiente ideal para descansar, jugar o pasar tiempo en familia. Una manera sencilla y muy placentera de pasar el día al aire libre.
19. El lago Aguelmame Aziza
Cercano a la ciudad de Khenifra, este lago es uno de esos lugares que no aparecen en las rutas turísticas convencionales. Las colinas suaves que lo rodean y el verde que lo enmarca hacen de esta zona un sitio ideal para desconectar.
Al estar rodeado de bosque y en una zona elevada, las temperaturas son muy agradables. Pasar el día aquí permite mantener una buena conversación, refrescarse con el agua o leer sin distracciones. El lugar perfecto para parar el tiempo y desconectar para conectar con el paisaje.

20. Jardín Majorelle y Museo Yves Saint Laurent
En pleno centro de Marrakech, pero lejos del bullicio, el Jardín Majorelle es un oasis vegetal de cactus, bambúes, buganvillas y fuentes de azulejo. El azul intenso contrasta con el verde de la vegetación y se acompaña del canto de los pájaros.
A su lado, el Museo Yves Saint Laurent ofrece un recorrido por la vida y el legado del diseñador. Recorrer sus salas permite contemplar sus colecciones y fotografías y es un plan perfecto para combatir el calor.
Marruecos ofrece mil y una formas de vivir un verano diferente entre ríos y pozas, medinas asomadas al océano, deportes marítimos, actividades en museos y riads, rutas de senderismo a la sombra y pueblos tranquilos asomados a valles llenos de vegetación. No se trata solo de evitar las altas temperaturas, sino de dejarse llevar por esa libertad que ofrece el periodo estival, donde uno sabe que está justo donde quiere estar. Sin correr, sin planear demasiado, sin calor… solo disfrutando de la agradable sensación de querer quedarse un rato más.







