Los Rolling Stones y Tánger: la ciudad que los enamoró y transformó
Tánger siempre ha suscitado una profunda fascinación sobre los artistas. Literatos, músicos y pintores se han sentido embriagados por las callejuelas de esta bohemia ciudad marroquí, situada a tan solo catorce kilómetros de la costa andaluza. The Rolling Stones, la mítica banda de rock inglesa, no fue una excepción y también se dejó seducir por sus encantos. Tánger enamoró y transformó a The Rolling Stones, que visitaron la ciudad por primera vez en 1967.
Los músicos llegaron a la ciudad siendo unos elegantes mods y salieron de ella transformados en unos hippies vestidos con djellabas — las tradicionales chilabas que utilizaba la población local— y fumando en pipas sebsi. Los ritmos étnicos y la filosofía de vida que habían descubierto durante su viaje marcarían parte de la trayectoria de una banda llamada a ser una de las más influyentes de la historia del rock.
Descubrimiento de la música étnica
En agosto de 1965, Brian Jones, guitarrista de los Rolling Stones, decidió hacer un viaje a Tánger con su novia, Anita Pallenberg. Fue entonces cuando descubre el pequeño pueblo de Jajouka, en las montañas del Rif, donde las fiestas rituales duraban hasta el amanecer bajo el son de una música hipnótica, de ritmos reiterativos, que mantenía bailando a los lugareños hasta la extenuación.
Dos años más tarde, Brian regresaría a la ciudad junto con sus compañeros Keith Richards, Mick Jagger y su novia Marianne Faithfull. Brian estaba decidido a introducir en la música de los Rolling Stones los ritmos marroquíes que tanto le habían fascinado. La ciudad de Tánger se convertiría así en un viaje iniciático para todos los miembros de la banda, que encontraron en los músicos de Jajouka una fuente de inspiración.
En esta época, los miembros de The Rolling Stones estaban empeñados en vivir hasta sus últimas consecuencias el lema de “sexo, drogas y rock & roll”. Dos años más tarde, Brian Jones, el miembro más radical y experimental del grupo, fue expulsado de la banda por sus problemas con las drogas. El 3 de julio de 1969 apareció ahogado en su piscina de su casa de Sussex, con 27 años, cumpliendo lo que en su día profetizó en una de las fiestas bereberes, cuando al ver sacrificada una cabra comentó en voz alta a los asistentes: “mirad bien, esa cabra voy a ser yo”.

Un amor perdurable en el tiempo
A Brian Jones le corresponde el honor de haber acercado la música de Jajouka a los oídos occidentales. En 1971, los Rolling Stones regresaron a Marruecos y editaron, como primer trabajo de su nuevo sello musical, “Brian Jones presents the pipes of Pan at Jajouka”, reconocido como el primer disco occidental de música étnica.
Aunque el trabajo no tuvo una gran trascendencia, sirvió para consolidar la fama de los músicos de esta localidad rifeña y durante años muchas familias vivieron los derechos de los discos que se iban editando. Esta es la razón por la que en algunas de las casas de esta ciudad sus habitantes aún mantienen una foto de los “estrafalarios músicos ingleses” en señal de agradecimiento.
En 1989 volvieron, esta vez con la intención de grabar la canción “Continental Drift” junto con el grupo Master Musicians of Jajouka, incluyéndolo en su album Steel Wheels.
Los miembros de The Rolling Stones nunca han escondido su gran amor por la ciudad de Tánger y la ciudad les responde con el mismo cariño. Uno de los lugares que frecuentaron fue el Café Baba, que entonces era una pequeña taberna para marineros. Seguro que más de un incondicional de la banda ha hecho una excursión a Tánger desde Tarifa solo por tomarse un té con menta en la mesa en la que en su día se sentaron “los hippies talentosos”, como los llama Abdoul, el dueño del local.
Los expertos aseguran que Tánger fue a los Rolling Stones lo que la India a los Beatles. Un lugar que les sirvió para experimentar con nuevos ritmos y de paso descubrir un país acogedor y fascinante, que ha ocupado siempre un hueco en sus corazones. Los lugares que frecuentaron hoy se llenan de visitantes que nada más poner un pie en Tánger comprenden por qué la ciudad ha enamorado a sus ídolos, y a tantos y tantos artistas.







