La Sultana Marrakech: un hotel marcado por la tradición
En la Medina de Marrakech, donde se respira historia, hay un hotel que esconde las tradiciones de Marruecos con la delicadeza de quien custodia un legado. La Sultana Marrakech va mucho más allá de la propuesta de un alojamiento convencional para convertirse en un tesoro arquitectónico con una decoración única.
Este exclusivo hotel boutique, miembro de la red The Leading Hotels of the World, no solo ofrece lujo en su forma más pura, sino también un exquisito trabajo de decoración artesanal. El alojamiento se ha reconstruido piedra a piedra, zellige a zellige, por los mejores maestros artesanos del país, en una restauración ejemplar que no buscó solo modernizar y renovar las instalaciones, sino devolver la vida a unas estancias con el máximo respeto al trabajo tradicional.

El alma restaurada de La Sultana
Ubicada en la Medina de Marrakech, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y cerca de sitios históricos como las Tumbas Saadíes, el Palacio Real y el Palacio Bahía, este alojamiento permite sumergirse en la historia y cultura de Marrakech a través de sus patios esculpidos, sus exuberantes jardines y sus terrazas con vistas panorámicas.
El alojamiento ocupa unas instalaciones que fueron meticulosamente restauradas. Bajo la dirección de expertos como el arquitecto F. Cherradi, se convocó a los artesanos más prestigiosos del país, que recuperaron y aplicaron técnicas centenarias como la yesería, el zellige, el ladrillo tallado, la forja artística o la carpintería tradicional para devolver a la estructura su esplendor original. Las bóvedas de un antiguo granero que surtía a la familia real se convirtieron en patios donde se respira silencio, calma y relax. Y los techos esculpidos, las fuentes, los revestimientos de mármol rosado y los motivos geométricos volvieron a brillar como lo hacían siglos atrás.
La Sultana invita a descubrir sus tesoros a los visitantes. Cada tarde, los huéspedes pueden recorrer el hotel en una visita guiada por profesionales que explican las técnicas utilizadas y que permiten conocer el trabajo de los artesanos. Porque aquí el patrimonio, lejos de exhibirse, se vive y se disfruta.

La autenticidad de las estancias
La Sultana Marrakech ofrece 28 habitaciones y suites, todas diferentes y concebidas como obras únicas. Cada estancia es una interpretación distinta del arte decorativo marroquí y está llenas de detalles, desde los techos altos con molduras talladas a las columnas de mármol, pasando por los muebles de madera, los adornos en cobre trabajados con la precisión de un orfebre, los colores cálidos y los materiales nobles.
Las habitaciones recrean el ambiente de un riad, con patios interiores donde uno puede relajarse rodeado de plantas y fuentes, y con el canto de los pájaros como telón de fondo.
Quienes prefieran una experiencia más exclusiva pueden optar por suites con balcón privado orientado al patio, donde la luz tamizada entra con suavidad en las estancias. A su disposición tendrán un teléfono con el que contactar con su mayordomo en cualquier momento, lo que les permite concertar una cita en el spa, pedir un gin tonic en la terraza o solicitar la recogida del coche cuando salen a descubrir la ciudad. El objetivo de este servicio exclusivo es que la estancia sea inolvidable.

Gastronomía local y de vanguardia
La cocina en La Sultana es otro de sus valores diferenciales. En sus tres espacios gastronómicos, La Table de La Sultana, La Table du Souk y Le Odette Bar & Mezz, conviven tradición, innovación y creatividad.
Por la mañana, el desayuno ofrece un buffet con croissants, frutas frescas, cereales orgánicos y una carta de platos marroquíes y occidentales elaborados al momento. Toda una invitación a comenzar el día de la mejor manera.
Durante el día, La Table du Souk, en la azotea, invita a almorzar ante las vistas panorámicas de la ciudad, la mezquita Moulay El Yazid y las montañas del Atlas. Su carta combina cocina más sofisticada con la típica comida marroquí, en platos tan exquisitos como caracol en costra cocido en su caldo babbouche, linguine con boletus del bosque de Ifrane o bandejas frescas de mariscos traídos cada domingo desde Oualidia. Todo servido en un entorno tradicional, con azulejos verdes, zellige artesanal y mesas que invitan a la conversación.
En cambio, La Table de La Sultana, abierto cada noche para la cena, es un templo de alta cocina a medio camino entre las raíces marroquíes y el refinamiento francés. Cada menú es estacional y cambia según la temporada. Aquí se sirven platos como hummus con semillas de calabaza, el filete de rodaballo con salsa meunière y alcaparras de Safi, o la pasta tradicional con pollo de corral, canela y almendras. Todos los productos provienen de pequeños productores locales o de los huertos orgánicos que La Sultana mantiene en Oualidia y Marrakech.
Por su parte, Le Odette Bar & Mezzé, abierto hasta la madrugada, ofrece una versión más ligera y cosmopolita de la gastronomía local. En este espacio se pueden degustar cócteles de autor con especias marroquíes, pequeños platos para compartir y creaciones de inspiración internacional como risotto de almejas y queso, nems de verduras con sésamo o cordero al estilo siciliano.

Experiencia 360
En La Sultana Marrakech, cada día es una nueva oportunidad para explorar. El hotel propone desde rutas culturales por los zocos y la Medina hasta aventuras en sidecar, vuelos en globo o salidas en bicicleta. Sin embargo, entre las experiencias más apreciadas destacan las clases de cocina tradicional que se ofrecen en las instalaciones, al aire libre y con vistas al Atlas. Allí, los huéspedes aprenden a preparar tajine, pan marroquí o dulces típicos como la chebakia, sumergiéndose en la tradición culinaria que permitirá conocer los platos más populares del país.
Las cenas privadas en la azotea del Riad Saadia, acompañadas de música tradicional marroquí y unas extraordinarias vistas, ofrecen una experiencia inolvidable. Y para los más curiosos, la noche se puede cerrar con una clase de astronomía bajo las estrellas impartida por profesionales.
Por el contrario, si lo tuyo es el autocuidado, en La Sultana encontrarás la oportunidad de blindar tu bienestar con experiencias orientadas a lograr el perfecto equilibrio entre cuerpo, mente y entorno. Su spa, revestido de mármol rosado, invita a desconectar en un ambiente que recuerda a los antiguos baños romanos, pero en el que también se puede apreciar cierto toque oriental.
Masajes con aceite de argán, tratamientos faciales con la línea Darphin, un jacuzzi climatizado, el hammam como corazón del spa, el salón de belleza o un gimnasio con vistas a las montañas son algunas de las propuestas para reconectar con tu bienestar. Además, en las terrazas superiores se imparten sesiones de yoga, pilates y respiración consciente, y un coach personal asesora en menús equilibrados y en rutinas adaptadas a cada huésped.
Turismo responsable
Desde sus inicios, el hotel ha apostado por un enfoque de turismo responsable que protege tanto el patrimonio como el entorno. En La Sultana se utilizan productos locales y se gestiona eficientemente el agua, lo que se une a la colaboración con comunidades rurales. Cada plato, azulejo o experiencia forma parte de una misma filosofía: ofrecer lo mejor de Marruecos destacando aquello que lo hace único.
Hay lugares que se visitan y lugares que se habitan, y la Sultana Marrakech pertenece a la segunda categoría. Este hotel es mucho más que un lugar de descanso, porque aquí el viajero no se limita a observar la cultura local, sino que por unos días forma parte de ella, sintiéndola y saboreándola a cada instante. Desde el té de menta al amanecer junto a la piscina hasta una cena íntima bajo las estrellas, pasando por los detalles de la artesanía tradicional de su decoración, un masaje con aceite de argán o una clase de cocina marroquí en la azotea.
Todo en La Sultana está pensado para vivir la experiencia y que pueda convertirse en el mejor recuerdo. Porque en esta joya escondida de la Medina de Marrakech, cada detalle está pensado para perdurar.







