Mezquita española de Chaouen: incógnitas y puesta de sol
La mezquita española de Chaouen está situada sobre una ladera, asomada a la ciudad. Punto de unión de turistas y locales, que acuden al atardecer para ver cómo se esconde el sol entre las montañas del Rif y comienzan a encenderse las luces urbanas, esta mezquita encierra una curiosa historia llena de incógnitas.
Chauen fue fundada en 1471 por el emir Muley Bin Racid, quien vivió en la Península Ibérica durante los reinos de Taifas. Tras siglos bajo los designios musulmanes, esta ciudad marroquí fue la última en ser ocupada durante el Protectorado español.
La mezquita fue construida en la década de 1920, cuando las tropas españolas toman Chaouen en los tiempos de la guerra del Rif, que estalló por la resistencia local al Protectorado español.
Con la intención de calmar los ánimos y como gesto hacia la población local, los militares españoles decidieron construir este templo, cuyas obras comenzaron en 1928 y terminaron dos años más tarde. Incluso se designó a un alfaquí conocido con el nombre de Ezzannan como almuédano de la mezquita.
Con lo que no contaban los españoles era con el boicot local a la mezquita. Ningún habitante de Chaouen se acercaba a ella para orar. Muchos, por lo que significaba el hecho de haber sido construida por los españoles. Y otros, porque consideraban que el lugar estaba destinado realmente a labores de espionaje o que servía para delimitar la zona controlada por los españoles con el propósito de sitiar la ciudad. Asimismo, los marroquíes no entendían cómo un español podía levantar la mezquita solamente con fines sociales.

¿Ermita o mezquita?
Comienza así el misterio de la mezquita española de Chaouen, construida en las murallas de la época por órdenes de Osvaldo Fernando Capaz. El templo, de planta octogonal, fue construido en estilo andalusí, y muchos dicen que está inspirada en la Torre de Oro sevillana.
De hecho, algunos expertos piensan que, siguiendo la costumbre de los españoles cuando conquistaban un territorio, fue diseñada para ser una ermita, aunque posteriormente fue designada como mezquita para contentar a la población local y ganarse su apoyo tras los primeros años de presencia española en la localidad.

El misterio de su nombre
Los otros interrogantes que encierra la mezquita se centran en su nombre. El templo enseguida fue bautizado como “bouzafar” por los vecinos, una palabra que el dialecto local significa “hombre de grandes bigotes”. Hay quien piensa que se debía a los gruesos bigotes de Osvaldo Fernando Capaz, pero también existen otras teorías que vinculan el nombre con el mostacho del ingeniero que supervisó la construcción.
También hay quien piensa que la denominación de la mezquita se debe al dueño del terreno, un conocido comerciante con grandes contactos en Ceuta, que tenía un gran bigote y por este motivo era conocido como “bouzafar”. Por último, algunos expertos apuntan a que “bouzafar” es una distorsión que ha ido tomando la expresión “Abu Al-Asafer”, que hace referencia a los huertos y los pájaros que llenaban el territorio donde fue construido el templo.
Sea como sea el origen del nombre, lo cierto es que los marroquíes se negaron a rezar en la mezquita en un primer momento y advirtieron a sus hijos que no debían pisar el templo. Esto, unido al hecho de estar situado sobre una colina, con el correspondiente esfuerzo que suponía acceder hasta allí, provocó que, poco a poco, cayera en un estado de abandono.

Unas vistas incomparables
En 2007, el Ayuntamiento de Chaouen decidió restaurar la mezquita con ayuda española. Hubo quien pidió que el edificio fuera destinado a ser museo o centro cultural, mientras que otras voces solicitaban mantenerla como templo musulmán, asegurando que los habitantes de Chaouen acudirían a rezar al templo cuando estuviera reformado. Sin tener claro su uso se pavimentó parte del camino que ascendía hasta las instalaciones y se colocaron unos bancos en la zona, lo que aumentó las visitas turísticas.
A pesar de todas las polémicas, hay una cuestión indiscutible: las vistas en el lugar son incomparables. Tanto población local como turistas acuden cada atardecer para ver teñirse el cielo de increíbles tonalidades, desde anaranjadas a púrpuras, mientras se van encendiendo las luces de la ciudad y va entrando la noche. Es esta mezcla de culturas, en una unión entre ciudadanos marroquíes y visitantes extranjeros lo que realmente hace el momento mágico. Las increíbles fotos, además, están aseguradas.

El Camino de los Lavaderos
Para subir a la mezquita hay un sendero de piedra que comienza desde la entrada oriental de La Medina, llamada Ban al Ansar. El sendero, conocido como el Camino de los Lavaderos, pasa por el río Ras el Maa y asciende durante dos kilómetros, en continua pendiente. La primera parte es más dura, mientras que la otra se hace más llevadera, ya que el terreno se vuelve menos irregular.
Tras unos 25 minutos se llega a la cima de la colina, junto a la mezquita española de Chaouen. La vista, en la que se observa cómo la ciudad se asienta en la ladera de las montañas del Rif, es realmente hipnótica. Sin duda el esfuerzo de la subida habrá merecido la pena para contemplar esta postal que cuenta historias de una mezquita construida por los españoles, con un nombre lleno de interrogantes, que nunca fue utilizada como tal.








