Maryam el Gardoum: la surfista que desafío al océano
Maryam el Gardoum, cinco veces campeona marroquí de surf, hizo frente a todos los que decían que su puesto estaba en casa, con su madre. La primera vez que se subió a una tabla de surf tenía 11 años. Un año más tarde ganaba su primera competición local y con 14 años se proclamaba campeona nacional. Con el galardón en la mano, y los cuatro que le siguieron, ya nadie se atrevió a decir que el mar no estaba hecho para ella.
Maryam nació en Tamraght, un pequeño pueblo a escasos 15 kilómetros de Agadir. Sus padres se dedicaban a la pesca y la recogida del mejillón, por lo que sus siete hijos tuvieron contacto con el océano desde muy temprana edad. Sin embargo, la primera vez que Maryam intentó surfear no fue una buena experiencia. La tabla le pareció demasiado resbaladiza y no terminaba de encontrar el equilibrio. Surfeaba sin neopreno y ningún instructor guiaba sus pasos. Pero tras unos cuantos intentos, un talento innato surgió de la nada y le permitió surfear su primera ola. Y ahí, según cuenta, todo cambió. Quiso hacerlo una y otra vez, y el surf se convirtió en su pasión.
Comenzó a entrenar varias horas al día incluso antes de apuntarse a una escuela de surf local, en la que era la única chica. Sus compañeros le apodaban “Mohammad” y, con su apoyo y respeto, Maryam siempre se sintió una más en el equipo. La gente de su pueblo, sin embargo, comenzó a murmurar a sus espaldas. “El surf no es para chicas. No eres lo suficientemente fuerte para practicar este deporte”, argumentaban. Y todos esos comentarios hicieron que Maryam decidiera luchar para demostrarles a todos que estaban equivocados.
“Si hubiera tenido un buen equipo de surf seguramente no será la surfista que soy ahora. Mejoré para alcanzar el nivel de los chicos de mi grupo y demostrar que yo, aunque fuera mujer, podía llegar muy lejos sobre una tabla”, subraya Maryam.
La apuesta por las olas
Durante muchos años, Maryam se levantaba al amanecer y corría los casi dos kilómetros que separaban su casa de la escuela de surf para coger la mejor tabla. Surfeaba antes y después del colegio, y cuando cogió suficiente soltura como para presentarse a una competición local, rogó a sus padres que le pagaran la inscripción. Su padre le preguntó: “¿De verdad piensas que lo tuyo es el surf?”. Ante su respuesta decidida, le dio el dinero y solo le pidió una cosa: “trabaja duro”. Y eso es lo que hizo. Surfear durante ocho horas diarias y no dudar nunca de su talento le permitió llegar a ser la mejor.
Maryam siempre recibió el apoyo de toda su familia. “Si hubieran hecho caso a lo que la gente decía, no me habrían dejado surfear. Pero el tiempo, y mis cinco títulos nacionales, me dieron la razón”, señala.
A pesar de que pronto llegó el éxito, el camino que ha recorrido la surfista no ha sido fácil. Maryam tuvo dificultades para encontrar trajes de neopreono de competición para chicas y durante años tuvo que pedir tablas prestadas, antes de conseguir la suya propia. Cuando ya triunfaba a nivel nacional, no tenía apenas financiación, y el dinero de los patrocinadores no le alcanzaba para viajar a las competiciones internacionales, renovar el material y seguir formándose para mejorar su rendimiento. Todo ello, unido a una inoportuna lesión, empujó a la deportista a abandonar su carrera profesional como surfista.

El proyecto de Maryam
Durante los años en los que Maryam comenzaba a destacar en el surf, la costa atlántica de Taghazout, donde entrenaba, comenzó a cambiar. La pesca y el negocio platanero hicieron sitio a la industria del surf y comenzaron a crearse negocios relacionados con este deporte. Comenzaron a llegar surfistas de todos los países.
Tras un breve paso como instructora en una escuela de surf local, en la que Maryam no tuvo una buena experiencia laboral, la surfista decidió montar su propio negocio. Surge así Dihya Surf Marruecos, una escuela de surf con espíritu feminista, donde una gran parte de los clientes son chicas que ven en la campeona un ejemplo a seguir.
En los últimos meses, y tras realizar estudios de coaching y redes sociales, la escuela de Maryam no ha dejado de crecer. Sus principales clientas llegan de Alemania, Suiza, Países Bajos y Nueva Zelanda, en busca de clases individuales o grupales. Pero también hay mujeres marroquíes que se animan a seguir sus pasos. A veces, la carga de trabajo es tan grande que resulta difícil gestionar el negocio, pero Maryam afronta las largas jornadas laborales con ilusión.
“Si las mujeres surfistas queremos demostrar lo que valemos, tenemos que hacerlo con hechos”, señala Maryam, quien ya es una celebridad en su pueblo natal. Mientras realiza su trabajo en la playa de Devil’s Rock no hay pescador, vendedor de té, comerciante de alfombras y mujeres bereberes que no le saluden.
El nombre de su escuela de surf proviene de Dihya, la reina amazight de larga cabellera negra y ojos oscuros que luchó como guerrera ante los omeyas antes de ser asesinada. En una similitud con lo que tuvo que vivir Maryam en un mundo eminentemente masculino, su propio negocio tiene nombre de leyenda.

El surf femenino, en la cresta de la ola
Aunque la surfista ya se ha retirado de la competición, sigue luchando por dar visibilidad al surf femenino. En su escuela de surf, se lucen camisetas que muestran a una mujer con un hiyab sobre una tabla y el lema “¡Podemos surfearlo!”.
Maryam señala que le enorgullece ver que hay mujeres compitiendo y que el surf femenino en Marruecos va evolucionando gracias a los nuevos patrocinios. Por primera vez se establecen premios idénticos para la sección masculina y la femenina de surf, y ya hay mujeres, como la jovencísima Lilias Tebbai, surfeando a gran nivel.
Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer. Mayram comenta que muchos patrocinadores deciden resaltar el aspecto sexy de las deportistas. “Somos atletas, no modelos”, sentencia la surfista al respecto.
“Estar sobre una ola te hace sentir viva. Estás sola frente al océano”, señala la surfista. Algo que cada vez saben más mujeres marroquíes, que se suman a encontrar la ola de su vida a lo largo de los 2.500 kilómetros de costa atlántica del país.
Enseñanzas del surf
Maryam comenta que una de las cosas que le ha enseñado el surf es a ser paciente. “Antes no tenía paciencia, pero ahora he aprendido que cuando no puedes surfear una ola, quizá puedas hacerlo con la siguiente. Siempre hay otra ola”, señala.
“Si te dices a ti mismo que puedes hacerlo, podrás hacerlo. El océano te desafía y tú tienes que tomar el control. Se trata de luchar por ello o rendirte, como en la vida”, subraya. Además, Maryam también encuentra la forma de llevar el Islam al mundo del surf. “Si eres un verdadero musulmán, tienes que hacer las cosas con el corazón”, apunta.
Hoy, el surf no tiene mucho que ver a cuando llegó a Marruecos, en la década de 1950, cuando el personal militar estadounidense se distraía surfeando las olas. Un movimiento que pasó a consolidarse en la década de los sesenta, cuando los hippies que llegaron a Marruecos lo practicaban. De ser un deporte para extranjeros a ser practicado por la población local y crear puestos de trabajo en los pueblos más tradicionales bañados por las playas más espectaculares.
Si se le pregunta por sus expectativas de futuro, los objetivos de Maryam son sencillos: seguir creciendo con su negocio y dar clase a aquellas personas que quieran aprender a surfear lejos de los grandes centros de surf de Marruecos, ubicados en Agadir y Essaouira. Entre sus sueños también está ayudar a la próxima generación de mujeres campeonas de surf en Marruecos y seguir llevando una vida sencilla, haciendo lo que más le gusta, que es surfear. “Espero hacerlo hasta el final de mis días”, señala la deportista.
Maryam El Gardoum desafió a su destino eligiendo el surf como gran pasión. Campeona de Marruecos en nada menos que cinco ocasiones, una lesión y la falta de patrocinio y financiación le hicieron abandonar la competición, pero siguió conectada a este deporte a través de la creación de su propia escuela de surf. Gracias a ella sigue disfrutando del océano al tiempo que ayuda a surfistas marroquíes y extranjeros a cumplir sus propios sueños.







