Ksar El Khorbat: ecoturismo, museo y cooperación
El valle del Todra esconde un auténtico tesoro: el Ksar El Khorbat reconvertido en ecoturismo, que ofrece la oportunidad de convivir con bereberes, acercarse a la cultura y las costumbres del sur de Marruecos, y saber más acerca de las diferentes formas de cooperación internacional destinadas a mejorar las condiciones de la población local.
Este lugar, que propugna un turismo sostenible, respetuoso con el entorno natural y con las costumbres de la población, constituye la oportunidad de adentrarse en la tradición marroquí y contribuir a un turismo responsable.
En el bajo valle del Todra
A 50 kilómetros de Tinghir, adentrado en el valle el Todra, se levanta este pueblo fortificado que data de mediados del siglo pasado y que fue convertido en un ecoturismo por la iniciativa de tres socios, Ahmed Ben Amar, Joan Castellana y Roger Mimó, convencidos de que un proyecto de turismo responsable era posible en la zona.
Restaurado recientemente gracias a la cooperación internacional, la mitad de las casas de El Khorbat continúan habitadas, lo que ofrece a los alojados en este ksar la posibilidad de entrar en contacto con la población local.
El objetivo era utilizar el ecoturismo para salvaguardar el valor histórico y artístico que suponen las kasbahs de tierra. Por este motivo, dentro del ksar se pueden encontrar tanto las casas locales como el alojamiento, que comparte espacio con un museo y un taller de artesanía femenina.
Muchas personas deciden pernoctar en el Ksar El Khobart y utilizarlo como punto de partida para descubrir los oasis del sur de Marruecos y las gargantas del Todra y del Gheris. También hay quien lo utiliza como base para adentrarse en la ruta de la mil kasbahs e incluso como atalaya para dar el salto a las dunas de Merzouga.
Independientemente de cuál sea el motivo que lleva al ksar, lo cierto es que el lugar no deja indiferente a nadie. Los socios que lo levantaron, que colaboran estrechamente con la asociación El Khorbat para el Patrimonio y el Desarrollo Sostenible, han logrado mejorar las condiciones de vida de la población y han hecho realidad su sueño: crear un proyecto de desarrollo sostenible en pleno oasis, que les ha valido recibir la Llave Verde y el trofeo Maroc al Turismo Responsable 2010, en la categoría de Valores, Tradición y Cultura.
Historia de El Khorbat
La palabra “ksar” se refiere a un pueblo fortificado y compuesto de construcciones hechas de adobe, y que además de viviendas suelen encerrar diferentes espacios comunitarios, entre ellos una mezquita, unos baños, una plaza pública, una escuela coránica y en ocasiones una posada. En los valles de los ríos Drâa y Ziz a principios del siglo XX había más de un millar de fortalezas, pero más de la mitad han desaparecido o están en ruinas, mientras que otras han tenido la suerte de ser rehabilitadas como patrimonio histórico y hoy permanecen habitadas.
Por su parte, “El Khorbat” significa en árabe “las ruinas”. Se sabe que a principios del siglo XIX esta fortaleza fue ocupado por bereberes que expulsaron a los árabes que allí habitaban, permitiendo que se quedara parte de la población para labrar las tierras conquistadas. De hecho, el poblado se amplió con la construcción de una nueva muralla.
Hacia mitad de siglo otra tribu bereber ocupó el lugar, construyendo un segundo ksar, que se transformó en su capital política, mientras que en el El Khorbat residía el jefe de la tribu, un puesto reconocido por el sultán de Marruecos. Posteriormente, con la llegada del protectorado francés, en 1934, la administración del oasis fue trasladada a cinco kilómetros más al este.
Bajo plano
El ksar de El Khorbat se presenta en un plano rectangular, atravesado de punta a punta por una calle central, que cuenta con ocho callejones perpendiculares donde se encuentran las casas de la población, excepto la mansión del caíd o jefe de la tribu, que tenía su acceso desde la calle principal.
Al interior del ksar se accedía por una sola entrada, de carácter monumental, aunque decorada de forma sencilla. Tenía forma de arco y poseía dos torres de vigilancia a ambos lados, que sumadas a las de las esquinas, otra en un lateral de la muralla, y otras dos detrás, daban como resultado nueve torreones que defendían la plaza pública, donde se encontraba la mezquita.
Las casas del ksar, que llegan a tener cuatro plantas, tienen una superficie que oscila entre los 30 y los 200 metros cuadrados por planta. Sus gruesos muros, construidos en la parte superior con adobe, protegen del calor. Muchas de las viviendas estaban unidas a la muralla y tenían puertas tradicionales hechas con madera procedente de las palmeras. En cuanto a las ventanas, algunas estaban hechas de madera y otras presentan rejas de hierro forjado, que aparecían en medio de los dibujos geométricos hechos con adobe y las almenas triangulares escalonadas rodeando las terrazas.
En los últimos años se han abierto nuevos accesos a las casas a través de la muralla y se han instalado puertas de hierro. La mezquita presenta un alminar de hormigón armado, pero se ha recubierto con tierra y paja para que no desentone con el conjunto. Una actuación que se une a las de restauración que se están realizando gracias a la financiación por parte del Colegio de Aparejadores de Barcelona.
Al estilo tradicional
Las diez habitaciones del alojamiento, todas ellas decoradas de manera diferente y con el nombre de oasis de Ferkla, son un auténtico remanso de paz. Un espacio ideal, de entre 22 y 33 m2, pensado para quienes buscan tranquilidad lejos de las grandes ciudades. Son estancias muy amplias y confortables, dotadas de todas las comodidades, incluido el aire acondicionado.
Estas habitaciones ocupan cuatro viviendas construidas en 1860. Cada una de ellas tiene una cama doble y un salón con canapés marroquíes tradicionales, pensadas para los niños. En cuatro de las habitaciones hay un baño tradicional marroquí en vez de al estilo europeo, mientras que otras cuentan con una terraza privada o un pequeño patio.
El alojamiento dispone de piscina, tres terrazas comunitarias, dos salones bereberes y una biblioteca, y otro amplio salón donde comer acompañado con las pinturas del artista local Bouskri.
Es habitual, además, escuchar a los niños jugar en el extenso jardín junto al palmeral, mientras que, a la caída del sol, se ofrece una excelente cena al estilo marroquí con la que probar los briuats de carne picada, el cuscús, los pinchos morunos, el tayín de carne o pescado, o la bastela. El restaurante incluye un salón tradicional marroquí y una terraza entre las palmeras, que durante el día está protegida del sol mediante un techo de madera y barro. Es la ocasión perfecta para tomar la especialidad de la casa: tayín de dromedario con dátiles.
Un sinfín de actividades
Quienes se alojan en el ksar El Khorbat viven de cerca el contacto con la población local y sus negocios, lo que facilita una jornada de compra sin salir del recinto. Es una oportunidad única de adquirir jaiques directamente de las mujeres que los bordan, o realizarse dibujos decorativos en las manos con alheña.
Los huéspedes también pueden apuntarse a un taller de pintura con el artista local que ha decorado el salón del restaurante, a un curso de cocina bereber, o a una formación para aprender lengua árabe y bereber.
Otras opciones son realizar una excursión por el oasis de Ferkla, o las famosas gargantas del valle del Todra, el Gran Atlas o las dunas de Erg Chebbi. Si se prefiere visitar el recinto, se puede comenzar visitando las callejuelas cubiertas y la plaza central del ksar Oujdid, con acceso a una casa tradicional, y perderse posteriormente en el laberinto del ksar Akedim, para llegar, atravesando el palmeral, a la colina de Tassabelbalt y contemplar una vista 360º de todo el oasis. Los viernes, incluso, se puede ver cómo las chicas en edad de casarse se citan alrededor de la fuente. La vista concluye con un tour por el molino de aceite.
Proyectos de cooperación
Otra de las posibilidades que ofrece alojarse en el recinto es conocer de primera mano los proyectos de cooperación que los locales han emprendido para conservar el recinto y mejorar la calidad de vida de su población.
Este proyecto, que cuenta con el apoyo técnico y las subvenciones de diferentes organizaciones internacionales, incluye clases de preescolar, apoyo al trabajo artesanal femenino, con el bordado de jaiques y el tejido de alfombras, y la organización de fiestas populares con espectáculos de música y teatro.
Además, la cooperación internacional también ha permitido el dragado y la reparación del canal de riego -que estaba inutilizado por falta de mantenimiento-, la restauración de una de las entradas, y la puesta en marcha de una exposición que incluye las pinturas de Bouskri con el palmeral de Ferkla como tema principal.
En este sentido, otro de los grandes hitos para la población local fue la construcción de una cooperativa femenina donde se imparten cursos y se llevan a cabo actividades artesanales, además de contribuir a la conservación de la arquitectura local.
En cuanto a la mejora de las condiciones de vida, se acometió una red de saneamiento, financiado por el Colegio de Aparejadores y Arquitectos técnicos de Barcelona, que también contribuyó al enlosado de las calles, para evitar el polvo cuando sopla el viento del desierto, y la restauración de la muralla.
Museo de los Oasis
Por último, uno de los atractivos de alojarse en este lugar es poder visitar el Museo de los Oasis, que ocupa tres viviendas restauradas en el ksar, con una superficie total de 600 m2 repartidos en tres niveles.
Su objetivo es crear un espacio didáctico que permita a los visitantes aclarar sus dudas sobre la forma de vida y la cultura el sur de Marruecos. En este museo se pueden visitar antigüedades y objetos tradicionales, fotografías históricas, planos, maquetas, mapas temáticos y cuadros explicativos. Y para quien tenga aún más dudas que resolver, una pequeña biblioteca. El horario es de 9 a 18 horas, y los niños entran gratis hasta los 12 años.
El acceso hasta El Khorbat se puede hacer a través de diferentes traslados desde Errachidia (situado a 80 km), Ouarzazate (a 215 km), Marrakech (a 410 km), Fez (a 410 km) o Casablanca (a 580 kilómetros). Los traslados en vehículo privado desde estos puntos oscilan entre la hora y las diez horas. El Khorbat dispone de tres aparcamientos vigilados, con acceso para turismos, autocaravanas y minibuses.
En resumen, alojarse en el Ksar El Khobart supone disfrutar de unos días de descanso en el ambiente único de un ecoturismo que ofrece la oportunidad de convivir con bereberes, conocer más acerca de la cultura y las costumbres del sur de Marruecos, y profundizar en las diferentes formas de cooperación internacional.







