Los 10 juegos infantiles más populares en el Marruecos rural
En las áreas rurales de Marruecos, los juegos tradicionales siguen siendo una parte importante del día a día de la población infantil. Mientras en las ciudades los teléfonos móviles, la televisión y las redes sociales ocupan buena parte del ocio, en los pueblos pequeños y en las aldeas del Atlas o cercanas al Sáhara, los niños y niñas siguen encontrando diversión en juegos populares que apenas requieren materiales, sino que se apoyan en la imaginación y en aquellos útiles que se encuentran más a mano, como tierra, palos o los propios zapatos.
En el Marruecos rural la prioridad es compartir el tiempo en grupo, al aire libre, en un ambiente donde el juego comunitario sigue teniendo el peso que antaño tenía en las ciudades, antes de ser desplazado por la tecnología y las prisas de una población que vive de espaldas a las necesidades de los niños. Además, en las ciudades, cuando los pequeños salen al patio del colegio, recuperan algunos de estos juegos, dando rienda suelta a la diversión.
Si lo imaginas, lo juegas
El escenario de estos juegos populares es una plaza polvorienta, un campo de cultivo ya cosechado, la explanada frente a la mezquita o cualquier espacio abierto donde se pueda correr, amontonar unas piedras o trazar ciertas normas grupales. Los juguetes apenas son necesarios. Un guijarro, un palo clavado en la arena o un montículo de tierra son suficientes para introducir unas dinámicas de juego que despiertan tanta o más emoción que un videojuego o un balón de reglamento.
La clave está en la imaginación, en las reglas compartidas y en el propio valor de esos juegos que transmiten de generación en generación. Los niños más mayores explican a los pequeños cómo se juega, cuáles son las normas y de qué manera se gana o se pierde. Y así el juego persiste casi inalterado por el paso de los años.
Los juegos tradicionales siguen formando parte del presente de Marruecos y forman parte de su legado cultural, al igual que las canciones, los cuentos o los proverbios. No solo entretienen, sino que también educan. Enseñan a negociar, a respetar turnos, a trabajar en equipo y a valorar la astucia o la rapidez. Se practican en grupo y en muchas ocasiones las diferencias de edad no implican un impedimento para que todos los niños jueguen juntos. Los pequeños observan, aprenden y participan poco a poco, mientras los mayores transmiten sus conocimientos de forma natural. Así, se mantienen vivos juegos que han acompañado a generaciones enteras y que, pese a la presión de la modernidad, siguen presentes en la vida rural.
Los juegos más tradicionales
Muchos de los juegos que aún se conservan en las áreas rurales de Marruecos son muy parecidos a los que practican los niños occidentales, si bien se llaman de otra forma o incluyen vocabulario local o algunas reglas diferentes. Otros, en cambio, solo pueden comprenderse dentro del contexto cultural del país. Estos son algunos de los juegos más populares entre los niños de las comunidades rurales de Marruecos:
1. Sebaha Layur: puntería y rapidez
Este juego se organiza en dos equipos. Se apilan siete piedras o cualquier objeto que pueda sostenerse en equilibrio, formando una pequeña torre. A siete pasos de distancia, un jugador del equipo atacante lanza un zapato con el objetivo de derribar la torre. Si no lo consigue lo intenta otro jugador del mismo equipo. Si ninguno lo consigue, los grupos se intercambian los papeles. Pero si alguno lo consigue, comienza la parte más divertida, con carreras, gritos y persecuciones.
El momento clave se produce cuando, tras derribarse la torre, uno de los defensores recoge el zapato y grita “¡Sbet!”, lo que obliga a todos a quedarse inmóviles. Entonces, se lanza el zapato contra algún jugador del otro equipo. Si le da, los equipos intercambian sus roles. Si no le da, se vuelve a empezar. La gracia del juego está en la combinación de puntería y rapidez necesaria para sorprender al contrario.
2. Sassabos: los días de la semana
Originario de la zona de Tánger, este juego se centra en la habilidad física. Un niño se coloca agachado, de espaldas al resto, mientras los demás saltan por encima. Cada salto se acompaña con la mención de un día de la semana en árabe.
La tensión llega cuando se dice “viernes”. En ese momento, se coloca un zapato sobre la espalda del que está agachado. Los siguientes jugadores deben saltar al compañero sin tirar el zapato. Si lo consiguen, el último jugador coge el zapato, cuenta hasta 10 y lo tira al aire. El jugador agachado corre a por el zapato y procura tirárselo a alguno de sus compañeros. Si consigue darle, será el siguiente en agacharse y el juego vuelve a empezar.
Este juego es un reto de equilibrio y destreza, pero también la concentración tiene un papel fundamental, ya que exige una gran capacidad de atención. Suele jugarse los viernes, cuando se celebra las fiestas religiosas.
3. Taddaz derhaabash: policías y ladrones
Este juego, conocido como “polis y cacos” o “policías y ladrones” en Occidente, se suele jugar en espacios amplios al aire libre. El grupo se divide en perseguidores y perseguidos. El terreno se organiza con una “casa” donde los perseguidos pueden refugiarse y una “prisión” en la que acaban los que son atrapados, que pueden ser liberarlos con un simple toque de un compañero.
En este contexto, es fundamental el papel del dueño de la casa, que guía a los perseguidos desde un territorio seguro. El juego termina cuando todos los perseguidos han sido capturados, y entonces los roles se intercambian. La dinámica permite jugar hasta 30 personas a la vez, lo que convierte a este juego en uno de los más populares cuando hay un número elevado de niños que quieren participar.
4. Tabuaxrat: risas aseguradas
El tabuaxrat es un ejemplo perfecto de cómo un objeto tan sencillo como una canica o una piedra pequeña puede convertir un juego en una experiencia llena de emoción. El primer jugador lanza su canica o pequeña piedra desde una raya marcada en el suelo. A continuación, el segundo jugador lanza la suya, intentando tocar la que lanzó su contrincante y moverla con el impacto. Si consigue tocarla, el primero que tiró tiene que llevar a su compañero a caballito hasta el lugar donde quedó su canica. Si no lo consigue, el juego se reinicia, cambiando el turno de lanzamiento.
El tabuaxrat puede jugarse tanto en interiores como en exteriores y combina puntería, equilibrio y resistencia física. Las risas están aseguradas.
5. Fus isfus: palma o dorso
El fus isfus es un juego en el que todos los participantes forman un corro con las manos extendidas hacia adelante. Una persona designada grita de repente “¡palma!” o “¡dorso!”, y los jugadores que tienen sus manos en esa posición deben perseguir a los otros. Cuando todos han sido pillados se inicia una nueva ronda.
Es un juego muy dinámico, con rondas rápidas que obligan a todos los participantes a permanecer atentos. Es muy popular porque no requiere más que la voz del animador y se basa en la capacidad de reacción de los jugadores. En muchas poblaciones un gran número de niños del pueblo se juntan para disfrutarlo, independientemente de su edad.
6. Rim: trae un zapato y juega
Para comenzar a jugar lo primero que hay que hacer es dibujar un círculo en el suelo. Dentro se queda un jugador sujetando un palo que debe tocar el suelo por uno de sus extremos —también puede clavarse un palo, al que estará atado una cuerda, y el jugador se agarra a la cuerda—. Alrededor, y dentro del círculo, el resto coloca sus zapatillas. El objetivo de cada jugador será recuperar su zapato empujándolo con el pie, pero sin ser atrapado por el guardián del palo, que estira la pierna para tocar a los demás sin soltarse del palo o de la cuerda. Cuando alguien es alcanzado, pasa a ocupar el lugar del guardián.
En algunos pueblos, además, introducen otra norma. Si el jugador del centro llega a soltarse del palo o de la cuerda a la que debe estar sujeto, o bien todos los jugadores han logrado sacar sus zapatos del círculo, los demás pueden lanzarle sus zapatos hasta que llegue a un lugar seguro designado previamente, como un árbol, lo que añade un componente extra de diversión. El juego es mucho más divertido si se juega con un mínimo de seis niños.
7. Melakeef: divertirse con lo más sencillo
El melakeef es un juego de habilidad muy popular entre la infancia marroquí, que tradicionalmente se practica con piedrecitas. Lo habitual es jugar en grupo, de dos a ocho participantes, que se turnan para avanzar en una serie de fases.
El reto consiste en lanzar una de las piedras al aire y, antes de que caiga, recoger del suelo una o varias de las que permanecen allí. A medida que se progresa, la dificultad aumenta, ya que se pasa de recogerlas de una en una a hacerlo en parejas, o incluso a recuperarlas todas de una sola vez. Este juego tiene algunas variantes, según la zona en la que se practique, de manera que las piedras deben pasarse por un arco formado con los dedos o atraparse con el dorso de las manos, lo que exige una gran destreza y rapidez de acción.
En algunas zonas de Marruecos se juega con judías en lugar de piedras, lo que añade el aliciente de que cada participante escoge las más bonitas en su hogar, que son con las que juega.
8. Lanzamiento de piedras: el juego más antiguo
Posiblemente este juego sea el más antiguo de todos debido a su simplicidad. Aquí no hay reglas complejas, ya que el juego se resume en la habilidad de lanzar piedras contra un objetivo determinado. Puede ser una marca dibujada en la tierra, una fila de piedras alineadas o un objeto colocado a cierta distancia.
Aunque simple en apariencia, esta dinámica exige precisión, cálculo de la fuerza y concentración. Es un juego que se adapta a cualquier lugar al aire libre y que conecta directamente con la destreza cotidiana de quienes viven en entornos rurales, acostumbrados a medir distancias y a trabajar con las herramientas que ofrece la naturaleza. Es, probablemente, uno de los juegos más ancestrales a los que ha jugado el hombre. Una práctica que todavía tiene su hueco en una sociedad donde pasar tiempo con los amigos es la mejor forma de derrotar el aburrimiento.
Son muchas las personas que, en las ciudades, recuerdan su infancia en los pueblos jugando con lo más simple. “No necesitábamos nada para pasárnoslo bien. Con un amigo y las piedras del suelo podíamos pasar la tarde entretenidos”, apuntan.
9. Las canicas: un juego y muchas variantes
Las canicas, conocidas también como boliches, bolitas o metras, en Marruecos se pueden encontrar hechas de vidrio, arcilla, metal o cerámica. Al igual que en muchos otros lugares, este juego se practica sobre todo en suelos de tierra, para que las canicas se desplacen sin dificultad.
Para jugar se hace un pequeño hoyo en el suelo, desde el cual se desarrolla la partida entre dos o más jugadores. El objetivo puede variar, desde introducir la canica en el hoyo o golpear la del oponente para ganar puntos o piezas. Así, existen diferentes modalidades, algunas más sencillas y otras que incluyen acciones específicas, como el “lohay”, que exige golpear la canica con la tuya, pero de manera que quede entre ambas al menos la separación de un pie. También hay variantes con varios hoyos, en las que gana quien consigue recorrerlos todos en primer lugar.
10. Judici: juicio y “castigo”
También llamado “el juicio”, judici es un emocionante juego lleno de emoción. Para comenzar, se clava un palo en lo alto de un pequeño montículo de arena. Por turnos, cada jugador retira un poco de tierra, intentando que el palo no pierda el equilibrio. El momento de máxima tensión llega cuando el palo se tambalea y amenaza con caer. Quien lo derriba debe aceptar una penitencia o hacer un reto decidido por el resto, lo que convierte el castigo en la parte más divertida del juego. La tensión contenida cada vez que alguien retira puñado de arena da paso a las risas que estallan cuando alguien provoca la caída del palo y debe ser “castigado” con algo divertido, como bañarse en el río con la ropa puesta.
Este juego sirve para agudizar el ingenio, pero también enseña a los niños del grupo a ponerse de acuerdo en aspectos como el tamaño de la montaña, el orden de participación o el “castigo” infringido, una habilidad sin duda muy útil para la vida adulta.
Todos estos juegos tienen como denominador común la sencillez y el ingenio de los participantes. Con piedras, arena, zapatos o palos se construyen momentos de diversión que fortalecen los lazos comunitarios. Más allá del entretenimiento, son un reflejo de la manera en que las sociedades rurales de Marruecos han sabido transmitir un legado cultural a través de actividades que, aunque son aparentemente simples, contienen el valor incalculable de la tradición.
En un mundo cada vez más tecnológico, los juegos tradicionales del Marruecos rural representan la prueba de que la diversión no siempre necesita pantallas ni grandes infraestructuras o complicados juguetes. Siguen vivos porque aún se juegan, porque se aprenden en la calle, porque se adaptan a cada lugar y edad, y porque transmiten la importancia de estar juntos, de compartir y de aprender riendo. Y, de paso, sin que los niños lo sepan, se mantiene viva la riqueza de un legado cultural de incalculable valor.
Imagen de portada: Lucyin, CC BY-SA 3.0, Enlace







