Hoy se inaugura la Mezquita de Hassan II en Casablanca
Hoy, 30 de agosto de 1993, se inaugura la Mezquita Hassan II de Casablanca. Es la tercera mezquita más grande del mundo, tras la de La Meca y Medina. Pero si además tenemos en cuenta que su minarete mide 200 metros, es el templo musulmán más alto sobre la faz de la Tierra. Hoy, ninguna de las más de 80.000 personas que en estos momentos esperan impacientes la llegada del rey Hasan II frente a la mezquita, han querido perderse su inauguración.
Una inauguración espectacular
Casablanca ha amanecido plagada de banderas marroquíes. No hay farola ni fachada que no tenga una fotografía del rey Hassan II y de sus dos hijos varones. Los habitantes de Casablanca son conscientes de la importancia de esta inauguración y, entre grandes medidas de seguridad, aparece el secretario general de la Liga Árabe Esmat Abdel Méguid; el primer ministro libanés, Rafic Hariri; y los jefes de Estado de Malí, Gabón y Guinea Conakry, Alpha Omar Konaré, Omar Bongo y Lansana Conté.
En la explanada frente a la mezquita, miles de almas se muestran enfervorizadas por un acontecimiento de esta categoría, que sitúa a Casablanca en el centro del mundo árabe, justo en la víspera del aniversario del nacimiento de Mahoma. Más de 800 periodistas y numerosas personalidades del mundo musulmán son testigos de la gran inauguración.
La mezquita de Hassan II luce espectacular. Sobre el suelo de mármol, dotado de calor radiante, están dispuestos miles de metros de moquetas de colores, que señalan el lugar donde cada uno de los invitados, vestidos con el traje de gala tradicional, va a estar situado.
Pasadas las nueve de la noche llega el rey Hasan II en una gran limusina, acompañado de sus hijos. Les recibe el ministro del Interior de Marruecos, Driss Basri. Y tras escuchar el himno nacional y pasar revista a la Guardia de Honor, el rey se descalza y cruza la gran sala de oración para dirigir la oración de la noche.
Nueve años de obras
Hoy, los noticiarios de la televisión y los diarios marroquíes subrayan que por fin se inaugura el templo. Muy lejos en su memoria queda el 11 de julio de 1986, cuando el rey Hassan II puso la primera piedra de este complejo de más de diez hectáreas, que recoge una madrasa o escuela coránica, un hammam de 6.000 metros cuadrados con capacidad para 1.400 personas, una biblioteca pública y áreas verdes. Y cómo no, la impresionante mezquita de hormigón armado, fiel reflejo de la arquitectura tradicional marroquí, pero con todas las innovaciones tecnológicas de la época.
El templo dispone de un techo de madera de cedro retráctil, de 3.400 metros cuadrados, que está asentado sobre las cubiertas de mármol y granito marroquí. En solo cinco minutos deja ver el cielo de Marruecos en verano. La mezquita, además, dispone de un sistema anti terremotos y puertas hidráulicas. Pero sin duda lo que ha levantado incontenibles murmullos de alegría y admiración entre los asistentes es el rayo láser que se eleva más de 30 kilómetros desde el alminar, en dirección a La Meca.
La mezquita, auténtica joya del patrimonio arquitectónico y artístico de todo Marruecos, se encuentra ubicada en una isla de carácter artificial situada sobre el océano Atlántico. Hay quien dice que se construyó en esta ubicación privilegiada haciendo referencia a un verso del Corán que indica que “el trono de Alá está en el agua”. Aunque también hay quien asegura que su ubicación se debe al fragmento señalado en el Hadith, el segundo libro sagrado, que dice: “En primer lugar, no había más que Alá y entonces Él creó su trono, y estaba sobre el agua”. Sea como fuera, quienes se han acercado a la inauguración de la mezquita comentan entre sí que el templo es tan grande que podría acoger dentro de él la catedral de Notre Dame.
Cifras colosales
Las cifras del templo, tal y como señalan los periódicos que hoy han visto la luz, son colosales. No solo por las 78 columnas que sostienen el techo, sino también porque el interior del templo, elaborado con mármol, azulejos, mosaicos, granito y madera, está diseñado para acoger a más de 25.000 personas.
Hoy, todo el mundo se acuerda, emocionado, de los más de 2.500 obreros y más de 11.000 artesanos marroquíes que se han afanado en convertir a este templo en un verdadero prodigio de la arquitectura árabe y el auténtico icono de la ciudad.
Cuando los periodistas marroquíes preguntan a la población, todo el mundo muestra su alborozo. Y es que la población se siente tremendamente orgullosa de haber contribuido en hacer realidad este sueño y en haber conseguido que la ciudad tuviera su edificio icónico, al igual que Fez cuenta con su Karaouine, Rabat con su torre Hassan y Marrakech con su mezquita Kutubia.
El proyecto arquitectónico fue encargado por el rey al estudio francés Michel Pinseau y llevado a cabo por la empresa Bouygues, bajo la batuta de Aldo Carbonaro y la dirección de obra a cargo de Abdelatif Haboubi. El propio Hassan II solicitó a su pueblo su participación para hacer realidad el proyecto, y los ciudadanos respondieron con entusiasmo al llamamiento, cada uno en la medida de sus posibilidades.
Nueve años han durado las obras, pero el resultado merece la pena. La mezquita es una obra maestra de la arquitectura árabe-musulmana contemporánea y convierte a Casablanca en un gran centro espiritual. El trabajo de los artesanos se aprecia en cada uno de los centímetros del templo que, situado en el extremo oriental del paseo marítimo de La Corniche, se asoma al Atlántico, desafiando sus olas.
El mejor trabajo artesanal
Hasta Casablanca se han trasladado algunos de los mejores artesanos marroquíes para realizar a mano los techos de madera tallada, las paredes con zelliges con motivos geométricos, los suelos de mármol y granito, los arcos de yeso cincelado con estucos y arabescos, y las grandes puertas de latón y titanio. En el interior hay 50 candelabros y 8 de ellos de cristal de Murano, con más de 6 metros de diámetro, 6 metros de altura, y más de una tonelada cada uno. Otra obra de arte es la magnífica sala de abluciones, de 4.800 metros cuadrados, cuenta con 41 fuentes con forma de flor y 600 puntos de agua decorados con tadelakt y zellige.
En total, más de 80 millones de horas de trabajo, 53.000 metros cuadrados de madera tallada, 300.000 azulejos de aluminio fundido tallados a mano, 10.000 metros cuadrados de zellige, mosaico con cerca de 80 motivos originales, y columnas de granito decoradas con estuco tallado a mano. Cifras pensadas para convertir a esta mezquita en símbolo de apertura y un estandarte de la tolerancia del Islam, según anunció hace unos días el ministro del Interior y de Información marroquí Driss Basri.
Una mezquita abierta al mundo
Y es que, al igual que la mezquita Tinmel, cerca de Marrakech y cuna de la dinastía almohade, también la mezquita de Hasan II está abierta a no musulmanes. En cualquier caso, solo se podrá visitar a través de visitas guiadas en francés, inglés o español, pudiendo contratar los tours en el propio templo en los horarios establecidos y con las únicas restricciones del mes sagrado del Ramadán y el código de vestimenta -con pantalones cortos y hombros al descubierto prohibidos- y de comportamiento -no comer ni fumar y guardar silencio-. El recorrido que podrán hacer los turistas incluye una visita a la sala de abluciones, a la sala de oración y al minarete, dotado de un ascensor.
A la mezquita se puede acceder a pie o en coche, por los bulevares Moulay Youssef, Sidi Mohamed Ben Abdellah y Sour Jdid, así como por el acceso principal en la Rue de Tiznit, si se prefiere el acceso por la gran explanada del templo, que hoy se encuentra llena de gente.
Para la inauguración, los accesos de la ciudad permanecen cerrados a los vehículos, pero son muchas las personas que han venido andando para admirar la mezquita, cuyo minarete ya se observa desde cualquier punto de la ciudad. Hoy el templo estaba reservado para las autoridades, que ya comentan, al igual que lo hacen los medios de comunicación, que la mezquita de Casablanca se encuentra entre las más bellas del mundo.
Una de las sorpresas que esperan a tales ilustres invitados son los 5.000 ejemplares del Corán impresos para la ocasión en La Meca, regalo del rey Fahd de Arabia Saudí. Hoy, todo es a lo grande. La ocasión lo merece. Tras nueve años de obras, por fin ha llegado la inauguración de la mezquita más alta del mundo, el auténtico símbolo religioso y cultural de Marruecos.







