Hotel Akrich, el encanto de lo rural a un paso de Marrakech
El Hotel Akrich, que aparece en algunas guías de viajes como Akrich Gest Farm, está situado a 20 minutos de Marrakech. Se levanta en una colina de 700 metros a los pies del Atlas, en el pueblo del mismo nombre, y reúne todo lo que necesita cualquier persona que quiera escapar del bullicio y alojarse en un hotel sencillo, pero con todas las comodidades, con estupendas vistas y un silencio que lo invade todo e invita al relax.
Una finca rural
La anfitriona, Doris Nufer, se encarga de recoger a los huéspedes en el aeropuerto y conducirlos al hotel, que cuenta con bungalows tradicionales asentados en una finca de más de 300 hectáreas. Ya en el camino, la conversación con la propietaria te hace caer en la cuenta de que no te diriges a un alojamiento cualquiera, sino a un lugar lleno de paz.
A los pies de camino, una sencilla piedra dibuja una flecha con el nombre del hotel e indica un camino de gravilla en medio de la nada que conduce hasta el alojamiento. Tras cruzar la puerta de entrada a la finca, perros y gatos, convertidos en los auténticos reyes del lugar, dan la bienvenida al visitante. Porque en esta casa los animales ocupan un lugar especial, y por eso el hotel Akrich cuenta con cabras, burros y gallinas, que terminan de alejar al visitante del bullicio de la gran ciudad.
El hotel Akrich no tiene la opulencia de los grandes y lujosos alojamientos. Ni falta que le hace. Aquí se pueden encontrar cinco bungalows con dormitorio doble, salón y dormitorio, conectados con el edificio principal donde se toma el desayuno y las comidas y se puede socializar con Doris y el resto de los huéspedes. Una fuente de estilo andaluz murmura a los olivos, naranjos y limoneros, con un sonido suave que se queda enredado en los cactus, los rosales y las buganvillas que trepan por los edificios, hechos de adobe.

La historia de Doris
Doris Nufer nació en Berna (Suiza), pero se trasladó a Basilea a los 20 años para trabajar en un hospital infantil. A través de su novio, fotógrafo de profesión, se convirtió en estilista gastronómica. Gracias a ella, los platos lucían realmente apetitosos en los libros de cocina de los autores que contrataban sus servicios. Pero el destino tenía preparado algo mejor para ella y cuando en 2004 perdió su trabajo decidió ser valiente y marcharse a Marruecos, el lugar al que había viajado en innumerables ocasiones y que tanta paz le producía.
Cuando vio en venta la finca que hoy ocupa el hotel, Doris cuenta que la piel se le erizó y supo que había llegado a su casa. Ella sola se ocupó de todo. Compró el terreno, levantó los bungalows y la casa principal a través de un dibujo hecho un simple papel, y decoró hasta el último detalle de las estancias con la ayuda de más de 30 artesanos del pueblo. El resultado fue lo que hoy tanto valoran los visitantes. Un hotel, con el encanto de lo rural, a un paso de Marrakech.
Los gruesos muros de arcilla de los bungalows ayudan a aislar las casas del calor del verano y del frío del invierno, aunque los visitantes también pueden disfrutar de una estufa de madera que añade a las estancias un encanto especial. Todas las habitaciones, además, están decoradas con mimo y un toque intimista. Los muebles sencillos de estilo contemporáneo, elaborados en madera o mimbre, contrastan con el blanco de las paredes y techos, las alfombras bereberes, las mesas de bronce, los preciosos suelos de terracota y el blanco roto de la ropa de cama, arropada por telas de vivos colores.

Un espacio mágico
Los huéspedes pueden disfrutar, además, de una azotea, un gran jardín, la piscina y el huerto, que abastece de tomates, judías, calabacines, calabazas, rúcula y hierbas aromáticas la cocina. Y es que en el hotel Akrich la cocina tiene mucha importancia. Los invitados se sientan en una gran mesa a degustar los riquísimos platos que prepara Doris, de inspiración marroquí, una auténtica delicia que no tiene nada que envidiar a las recetas de los lujosos restaurantes de Marrakech.
Aquí, lo importante es disfrutar de los platos preparados y la disposición de Doris, encantada de ofrecer los secretos de sus recetas a quien quiera escucharlos y una animada charla junto a su marido Stefan, especialista en vinos locales. En invierno, las cenas se producen frente al fuego, y se produce una atmósfera muy especial.
Doris es la anfitriona perfecta. Si sus huéspedes tienen pensado una visita al desierto, se levantará antes de que amanezca para que puedan disfrutar de un delicioso desayuno y un café recién hecho. Pero si observa que los visitantes quieren disfrutar de la paz del alojamiento, se marchará sigilosamente para que escuchen el canto de los pájaros en el jardín o la llamada a la oración desde una mezquita lejana. En la mesa, un aperitivo de rábanos frescos y queso feta. En la cara, la suave brisa del Atlas. Y en el corazón, el convencimiento de haber escogido el alojamiento perfecto.

Descanso de artistas
Akrich no es un lugar donde se escuche música o una televisión a todo volumen. De hecho, ha habido numerosos escritores, cineastas o pintores que han elegido este alojamiento para encontrar la inspiración que necesitan en el silencio y las hermosas vistas al Atlas. En la intimidad de sus propios bungalows, ocultos tras una exuberante vegetación, suceden cosas maravillosas, como novelas, guiones de cine y cuadros inspirados en los magníficos atardeceres marroquíes.
Akrich es un hotel que pone el gusto en el detalle, a pesar de estar situado en un ambiente rural. No faltan las comodidades, pero todo se vive con el lujo de la sencillez como telón de fondo. Este alojamiento permite disfrutar del Marruecos más auténtico, con excelentes vistas y a un paso del bullicio de una ciudad como Marrakech. Es el sueño que Doris pudo hacer realidad. Si le preguntas, te dirá que aquí es fácil soñar a lo grande. Y te confesará que no piensa moverse nunca de este lugar.







