El hombre de la vaca y los 40 ladrones, un cuento marroquí
El hombre de la vaca y los cuarenta ladrones es una leyenda marroquí englobada en la categoría de “cuentos maravillosos”. Una narración llena de ritmo y contextualizada en el imaginario colectivo del pueblo marroquí.
En los “cuentos maravillosos” habitan personajes que han trascendido el ámbito de la tradición oral para pasar a la escrita. En este caso, los cuarenta ladrones aparecen en diferentes cuentos árabes, pero quizá el más famoso sea “Alí Babá y los cuarenta ladrones”, perteneciente a “Las mil y una noches”.
El cuento fue contado en su día por Freha bent Hammú en el melah de Marrakech. Por el desarrollo de la historia, es fácil imaginarse a un cuentacuentos intentando captar la atención del público con una leyenda en la que es muy fácil empatizar con el protagonista, con un sentido de la justicia un tanto particular.
El hombre de la vaca
Había una vez un hombre que tenía una vaca. Un día la llevó al mercado para venderla, pero pidió un precio tan desorbitado que nadie la quiso comprar. Quiso la casualidad que pasaran por el mercado cuarenta ladrones, que decidieron divertirse un rato a su cOsta, ofreciéndole un precio aún superior al que pedía por el animal.
Tras cerrar el negocio, el jefe de los ladrones invitó al hombre a su casa para darle el dinero. Una vez llegaron a la vivienda, mandó matar y descuartizar a la vaca y dispuso cuarenta bandejas que envió a asar al horno, avisando al hornero que, cuando la carne estuviera lista, enviaría a buscarla a un hombre con el meñique cortado.
Aunque el jefe de los ladrones había quedado en pagar al dueño de la vaca con oro, lo que hizo fue apalearle en vez de darle lo acordado. Pero el hombre de la vaca, aún dolorido, no quiso conformarse con lo que el destino le había deparado. Ni corto ni perezoso se cortó el meñique, presentándose en el horno en busca de las bandejas de carne asada, que obtuvo al mostrar su mano sin el dedo meñique.
El hombre de la vaca le llevó las bandejas de carne a su madre, y le dijo: “Esto no es más que el excedente. El precio de la vaca viene detrás”. Y cuando los ladrones fueron a buscar sus cuarenta bandejas con carne asada vieron que habían sido burlados por el dueño de la vaca.
Continúa la venganza
Su siguiente fue afeitarse la barba y maquillarse la cara. Se vistió de mujer y se paseó por el lugar donde se asentaban los ladrones. Uno de ellos se enamoró de “ella” al instante y la llevó a su casa. Pero durante la noche, el hombre de la vaca lo maniató, lo colgó del techo, desvalijó la casa y le llevó a su madre todas las riquezas robadas, repitiendo: “Esto no es más que el excedente. El precio de la vaca viene detrás”.
Cuando los ladrones vieron a uno de los suyos colgado del techo y la casa desvalijada supieron que otra vez habían sido burlados por el hombre de la vaca. Para quitarse el mal trago decidieron ir a unos baños públicos.
El hombre de la vaca fue a hablar con el dueño de los baños y le convenció para que le dejara la gestión de las instalaciones por un solo día, bajo su palabra de aumentar el rendimiento del negocio. Tras acceder, el dueño de los baños abandonó las instalaciones y el hombre robó a los cuarenta ladrones sus ropas, su dinero y sus armas, dejándolos desnudos en el baño. Después, fue a llevar a su madre el botín, diciéndole: “Esto no es más que el excedente. El precio de la vaca viene detrás”.
Posteriormente cogió un hierro utilizado para marcar a fuego a los esclavos y se dirigió a un mausoleo con la compañía de su madre. Cuando llegaron, le dijo a su madre que se pusiera a llorar en la puerta y que comentara a todos los que le preguntaran el motivo de su llanto: “Lloro por mi hijo único, el hombre de la vaca”.
Merecido castigo
Los ladrones fueron entrando uno por uno al mausoleo para ensuciar la tumba de su enemigo, pero en el momento en que se agachaban, el hombre de la vaca marcaba sus nalgas con el hierro candente.
Tras resultar marcados, los ladrones se fueron a una ciudad próxima y se alojaron en una fonda para pasar la noche. El hombre de la vaca, que les había seguido a cierta distancia, se presentó ante el rey de la ciudad y le comentó que en la fonda estaban cuarenta esclavos suyos que se habían escapado. El rey mandó detenerles y comprobó que todos tenían en sus traseros la marca de un mismo hierro, por lo que fueron entregados al hombre de la vaca, que los llevó al mercado de esclavos y los vendió. Con el dinero que le dieron fue a su madre y, entregándoselo, le dijo: “Por fin traigo el precio de mi vaca”.
Elementos de contextualización
La venganza y la justicia son los elementos que sobrevuelan el cuento de “El hombre de la vaca y los cuarenta ladrones”, en el que es muy fácil empatizar con un protagonista que ha sido engañado por cuarenta ladrones. La narración mantiene la división, tan común en los cuentos, de personajes “buenos” y “malos”.
No es difícil imaginar cómo el cuentero narra esta historia, que no deja de tener tintes humorísticos, y en la que el destino se muestra a favor del protagonista y castiga a quienes intentaron engañarle.
En el cuento, además, se pueden encontrar elementos que pueden contextualizarse fácilmente en el Marruecos más tradicional de la época. Uno de estos elementos es el horno de la localidad, donde acuden los lugareños para que les asen la carne tras la matanza de un animal.
También cabe destacar la presencia de los baños públicos y la fonda, así como de los esclavos, que son marcados a fuego y vendidos en el mercado local al ser considerados una propiedad.
Finalmente, en este cuento aparecen elementos que también aparecen en “Las mil y una noches”, como la presencia de cuarenta ladrones, que recuerdan a “Alí Baba”, una de las narraciones más famosas del libro. El hombre de la vaca, al que intentan engañar, se convierte en héroe dando a los malhechores su merecido y recuperando finalmente el precio de la vaca que los ladrones le llegaron a quitar en las primeras líneas de esta historia.







