Cementerio para perros de Tánger: historias de lealtad
En Europa los perros son considerados uno más en la familia. De hecho, en los hogares españoles hay tres millones más de perros que de niños. No es de extrañar que, cuando muere una mascota, su dueño busque conservar un recuerdo de ese animal que le acompañó fielmente hace años. Pero en Marruecos el concepto de mascota es diferente, por eso sorprende saber que existe un cementerio de perros en Tánger, que fue utilizado en su día por los europeos asentados en la ciudad.
Este lugar tan sorprendente en Tánger, ubicado en el barrio de Boubana, es tan curioso como especial, teniendo en cuenta que no existe ningún cementerio similar en África y es uno de los pocos tan antiguos que se conservan en el mundo. Utilizado desde los años 50 hasta los 90 del siglo pasado, con el paso del tiempo quedó olvidado y después la zona fue llenándose de basura. Algo especialmente interesante para las constructoras que ya habían manifestado su intención de construir bloques de viviendas en este terreno.
Sin embargo, una decisión del Ministerio de Juventud, Cultura y Comunicación lo ha cambiado todo. El Gobierno ha decidido proteger este lugar a través de una resolución oficial que ya ha sido publicada en el Boletín Oficial del Estado tras una solicitud efectuada por el gobernador regional de Patrimonio de la zona de Tánger-Tetuán. El resultado ha sido que la zona ha sido catalogada como Patrimonio Histórico, lo que prohíbe realizar cualquier actuación en el terreno, cualquiera que sea su naturaleza. Esta decisión, que han celebrado los amantes de los animales, llega justo a tiempo, ya que en menos de seis meses estaba previsto la llegada de las máquinas.
Un viaje al pasado
Hoy, pasear por el cementerio es realizar un viaje a un pasado ya olvidado. Situado cerca del Cementerio Europeo, entre campos de golf y de hípica, y en uno de los meandros que conforma el arroyo de los Judíos, se pueden encontrar casi dos centenares de lápidas de los perros que murieron a lo largo de medio siglo, y a los que sus dueños quisieron dar una transcendencia.
Todavía se pueden leer las inscripciones: “A Maja, mi amigo fiel”, “A nuestro fiel Bagherra”, “A Hugo des Zizaines, mi compañero fiel” o simplemente un “Adiós, querido”, dirigido a una mascota que seguramente le dio grandes alegrías a su dueño. Leyendo las lápidas es fácil imaginar a caballeros y damas francesas, inglesas, españolas o alemanas, dando su último adiós a los restos de sus animales con una enorme pena.
Con la decisión de proteger este espacio, llega a su fin la lucha de organizaciones como el Movimiento Juventud Verde, que ha estado batallando por proteger este espacio histórico de atentados medioambientales, después de que el terreno fuera saboteado para acelerar la construcción de viviendas. La organización celebra que a partir de ahora este espacio quede calificado como parte del patrimonio humano y cultural del país, como parte de un pasado que pertenece a todos los habitantes de Tánger y en general de Marruecos.
Perros y gatos marroquíes
Marruecos es un país en donde los animales están muy presentes en el día a día. Los gatos se pueden encontrar en calles, monumentos y tiendas, solos o en grupo. Los marroquíes sienten un gran aprecio por ellos y los prefieren como animal de compañía frente a los perros, ya que se les presume una mayor higiene, algo que está alineado con lo que dicta el Corán. No hay que olvidar, además, que según la tradición oral, Mahoma sentía pasión por los gatos.
En cualquier caso, Marruecos mira a sus animales, tanto perros como gatos, más que como “animales de compañía” como “animales de la comunidad”. Es por ello que no suelen permanecer en las casas, sino que se mueven libremente por las calles y los barrios de cada una de las ciudades del país.
Los marroquíes se ocupan de cuidarlos, protegerlos y alimentarnos, no porque sean suyos sino porque pertenecen a todos. Un punto de vista que difiere de la visión occidental y que resulta perfecta para los gatos, más independientes, y capaces de moverse por todos los puntos de la ciudad. No es de extrañar que las calles de Marruecos estén llenas de gatos fotogénicos, que hacen las delicias de locales y visitantes. Y fruto de este amor a los animales, en los últimos años han surgido más asociaciones defensoras de sus derechos y protectoras de los que llegan a sus puertas en peores condiciones.
Hoy, en el cementerio de perros de Tánger permanece el recuerdo de aquellas mascotas que fueron uno más en las familias europeas. Animales que se merecían un cariñoso recuerdo por parte de sus dueños después de una vida a su lado. Hoy su lápida impide que sean olvidados del todo, lo que seguirá sucediendo mientras haya una persona que pasee por el lugar y lea el nombre de la mascota, imaginando su historia y la de sus dueños. Un ejemplo de civismo salvado de la especulación inmobiliaria gracias a la inclusión del lugar en la lista de yacimientos históricos marroquíes. Con esta decisión, los antiguos perros de Tánger pueden descansar en paz.







