Ras el Maa: los lavaderos que refrescan Chaouen
Si hay un color que predomina en Chaouen es el azul. Un azul que se manifiesta en la tonalidad intensa que inunda sus calles y que tiene su reflejo en el frescor del manantial de Ras el Maa, recuperado como espacio de ocio y descanso para vecinos y visitantes.
Al salir de la medina por la puerta oriental, Bab el Onsar, se puede contemplar el nacimiento del río, que brota en forma de cascada desde la ladera de la montaña. La existencia de estas aguas sin duda fue determinante para que la ciudad se estableciera en este enclave, a los pies de las montañas del Rif.

La transformación de Ras el Maa
La transformación del manantial Ras el Maa, que significa “cabeza del agua”, comenzó en los años noventa, cuando Chaouen se incorporó a los programas de cooperación de la Dirección General de Arquitectura de la Junta de Andalucía. La intervención se centró inicialmente en un tramo del río que se encontraba en una situación muy deteriorada.
Antes de recuperar el entorno fue necesario actuar sobre el propio cauce y sus márgenes, eliminando vertidos y mejorando las condiciones de la zona. Entre 1994 y 1996 se trabajó en la recuperación del cauce y de la ribera izquierda. Posteriormente, entre 1997 y 1998, se acometieron las actuaciones relacionadas con los molinos, las acequias y la margen derecha. Y en los primeros años de la década de 2000 continuó la regeneración del entorno, junto con la construcción de los primeros lavaderos y una fuente pública.
A partir de ahí se fue desarrollando una actuación mucho más amplia. Se acondicionaron espacios públicos, se recuperaron molinos y acequias, y se creó un recorrido peatonal junto al río, además de construirse un puente para conectar ambas orillas.
El cambio resulta especialmente significativo si se tiene en cuenta que la zona próxima al nacimiento del río, donde terminaron instalándose los lavaderos, había llegado a convertirse en una escombrera, pero la recuperación de este lugar permitió integrarlo de nuevo en la vida urbana.

El origen de los lavaderos
La estampa que se ve a diario en los lavaderos parece fácil de interpretar, ya que el paisaje se llena de mujeres junto al agua, ropa que se lava a mano y piezas que se dejan secar al sol. Todo ello parece indicar que los lavaderos de Ras el Maa han estado allí desde tiempos remotos. Sin embargo, y aunque la actividad de lavar en el río siempre se ha hecho, muchos visitantes no saben que los lavaderos son relativamente recientes.
Para su ubicación se aprovechó una superficie que ya se utilizaba antiguamente para lavar alfombras. El sistema de abastecimiento de agua y desagüe de las pilas, construidas en hormigón, fue diseñado para que tanto su funcionamiento como su mantenimiento requirieran una intervención mínima. La elevada demanda y el uso por turnos que se detectaron en el primer lavadero llevaron a construir un segundo en la margen derecha, frente al primero. Y más abajo, en otro espacio también utilizado tradicionalmente para lavar, se habilitó un tercer lavadero.
Poco a poco, la intervención fue cambiando la relación de la ciudad con el agua, y el espacio recuperado se convirtió en un enclave utilizado por los habitantes de Chaouen como esparcimiento y visitado por los turistas, que buscan el frescor del agua cámara en mano.
Una de las imágenes que más sorprende al visitante es la de las mujeres que acuden a los lavaderos con grandes barreños para lavar sus prendas. Pese a lo que pudiera parecer, no van a realizar su colada diaria, porque la mayoría de la población local cuenta desde hace años con lavadoras en sus casas. Lo hacen porque este lugar ofrece la oportunidad de lavar las piezas que resultan excesivamente grandes para el electrodoméstico, como las alfombras o las sábanas.
Por eso, cuando se contempla a alguien lavando prendas junto al río, la escena no representa una tradición congelada en el tiempo. Es, simplemente, una costumbre que se ha mantenido en los tiempos actuales por la simple razón de que facilita la tarea cuando la prenda es demasiado grande.

Más allá de la experiencia turística
En Chaouen, la plaza Uta el Hammam y las calles de alrededor concentran buena parte del movimiento turístico, pero si comenzamos a ascender observaremos que la zona de los lavaderos se ha convertido en un espacio de encuentro entre locales y turistas.
Jóvenes y familias marroquíes se acercan hasta aquí y en los días de más calor se bañan para refrescarse, aunque el agua baja tan fría de las montañas que los vecinos de Chaouen dice que “rompe los dientes”. También hay pequeños puestos donde los visitantes se detienen a comprar un recuerdo, además de establecimientos orientados hacia el río donde poder tomar algo.

Las zonas acondicionadas incorporan espacios para sentarse y descansar, algunos bajo la sombra de las higueras. El lugar adquiere así una función que va mucho más allá de la de servir como infraestructura para lavar. Es un lugar donde dejar pasar el tiempo, compartiéndolo con amigos o familia, y disfrutando de un momento de relax.
Si se busca una experiencia aún más local y alejada del turismo, basta con ir ascendiendo ladera arriba, cruzando el puente y siguiendo el sendero en dirección sureste, hasta encontrar la conocida como Mezquita Española. Esta zona ofrece una de las mejores vistas panorámicas de Chaouen.
La subida a la Mezquita Española puede ser una buena manera de terminar el día, contemplando el atardecer sobre Chaouen. Abajo queda el bullicio de la ciudad y el relax de Ras el Maa que es, en definitiva, mucho más que un manantial a las puertas de la medina. Es el lugar donde Chaouen se encuentra con el agua a través de lavaderos, acequias, sombras y terrazas. La oportunidad perfecta para que el visitante descubra que Chaouen es mucho más que sus famosas calles azules.
Cuando el sol comienza a esconderse tras las montañas del Rif, el murmullo del agua acompaña la última luz del día y recuerda por qué este manantial sigue siendo uno de los lugares que mejor explican la esencia de Chaouen.







