La presencia de los Djinn en el día a día de los marroquíes
Viajar por Marruecos es atravesar desiertos que parecen no terminar nunca, perderse en medinas donde el tiempo parece detenido, contemplar atónitos las montañas del Atlas y dejarse llevar por el ambiente siempre vibrante de los zocos. Para muchos marroquíes, sin embargo, el mundo no termina con lo que se encuentra ante sus ojos. Hay un territorio intermedio, una frontera difusa entre lo visible y lo invisible, y en ese espacio habitan los djinn.
Los djinn, representados en ocasiones como los genios de la lámpara de los cuentos orientales, son mucho más que eso. Forman parte de un imaginario vivo que tiene múltiples influencias en cuestiones cotidianas, como la manera de entender la enfermedad, la mala suerte, los miedos nocturnos de los más pequeños o incluso la necesidad de moverse con prudencia por lugares solitarios. Y para muchos marroquíes, son una forma de nombrar lo que no siempre tiene una explicación clara.
La propia palabra “djinn” remite a esa idea de lo oculto, de aquello que se esconde a los sentidos humanos. En árabe, su raíz hace alusión a lo invisible y, desde hace siglos, se asocia a sueños inquietantes, cambios bruscos de comportamiento, sensaciones físicas intensas o episodios de angustia sin causa aparente.
Imposible no tener miedo a los genios que atemorizan y fascinan a Marruecos, capaces dejarse sentir sin hacer acto de presencia ante nuestros ojos. De hecho, cualquier marroquí ha crecido intuyendo estas presencias, pues el djinn aparece en conversaciones cotidianas y en las advertencias dichas a los niños en voz baja.
Presentes desde hace siglos
Los djinn estaban presentes en la cultura popular desde antes de la aparición del Islam, aunque con su expansión su figura pasó a estar integrada en la religión, considerándose criaturas creadas por Dios, distintas de los humanos y de los ángeles.
El Corán los menciona en varias ocasiones y les dedica incluso la sura Al-Jinn. En ese texto se cuenta cómo un grupo de djinn escucha el mensaje revelado y algunos deciden seguirlo, mientras otros lo rechazan. Por lo tanto, en la tradición islámica, los djinn, al igual que los humanos, tienen libre albedrío y son responsables de sus actos.
Según la doctrina, los humanos fueron creados de barro y los ángeles de luz, mientras que los djinn nacieron del “fuego sin humo”. De ahí que se les atribuyan capacidades extraordinarias como la invisibilidad, la transformación o un desplazamiento muy veloz, como si el aire mismo les sirviera como vehículo para teletransportarse. Sin embargo, no todos los djinn son todopoderosos ni conocen el futuro. Su moral ambigua les asemeja a los seres humanos, ya que pueden ayudar o engañar, hacer el bien o causar daño.
A menudo se los describe como criaturas caprichosas y burlonas, con un humor oscuro que puede volverse peligroso para quien se cruza en su camino. Su aspecto, además, es tan cambiante como su propia naturaleza. Pueden adoptar forma de animales, y es común encontrárselos convertidos en serpientes, escorpiones, perros o gatos. También pueden presentarse con apariencia humana. Y todo ello les confiere la posibilidad de estar presentes en el día a día de las personas sin que éstas se percaten de su presencia.
En el imaginario popular, además, aparecen djinn de distintos colores y tamaños, algunos pequeños y otros gigantes, y también existen seres híbridos fruto de la unión entre humanos y djinn. Muchas de las historias que protagonizan cumplen también una función moral. En este sentido, los relatos sobre djinn pueden provocar miedo o asombro, pero en muchas ocasiones aleccionan sobre la imprudencia, el orgullo o la falta de respeto hacia ciertos lugares y normas. En ese sentido, funcionan como cuentos ejemplares que transmiten valores y límites. Una manera de enseñar cómo hay que moverse en un mundo que no siempre es del todo previsible.
Enfermedad y protección
En muchas regiones del mundo islámico, y también en Marruecos, existe la creencia de que los djinn habitan en espacios apartados. Todavía hoy se conservan gestos heredados de la tradición, como evitar ciertas acciones que podrían “molestarlos”. Este es el motivo por el que se pide permiso antes de arrojar agua a árboles o jardines, no vaya a ser que estén habitados por uno de estos seres malignos.
Por otro lado, para los marroquíes también existe una relación clara entre los djinn y ciertos síntomas físicos. Muchas personas interpretan síntomas como la ansiedad, las convulsiones, las alucinaciones o la parálisis del sueño como señales de la influencia directa de un djinn.
En esos casos, la búsqueda de alivio suele incluir la recitación de versículos del Corán y remedios tradicionales, bajo la creencia de que ayudarán a recuperar el equilibrio entre cuerpo, mente y espíritu. En algunos pueblos remotos incluso se ha documentado la colaboración entre médicos e imanes cuando un paciente atribuye su estado a una posesión, lo que muestra hasta qué punto estas creencias siguen presentes en la vida cotidiana. También hay casos en los que las creencias de estar poseído por un djinn han llegado incluso a aparecer en investigaciones judiciales o en contextos médicos, no como prueba de la existencia de estos seres, sino como reflejo de su peso en la sociedad.
Para aislarse de la influencia de los djinn se utilizan habitualmente amuletos y talismanes, que suelen llevar inscripciones coránicas o símbolos de protección contra los djinn dañinos. Para los musulmanes, aquello que contiene el nombre de Dios tiene fuerza suficiente para alejar lo negativo, lo que ha hecho que los pequeños objetos protectores formen parte del legado espiritual de muchos hogares.
En el arte y la literatura
La presencia de los djinn también ha sido constante en el arte y la literatura. Estos seres aparecen en manuscritos ilustrados y en relatos históricos. La figura del rey Salomón, a quien muchas tradiciones presentan como señor de los djinn, con una extraordinaria capacidad para someterlos, es especialmente significativa. Estas imágenes presentes en la literatura, además de alimentar la imaginación de generación en generación, han servido como vehículo para representar lo sobrenatural.
En tiempos más recientes, los djinn han pasado al cine y a la literatura moderna, a veces como figuras del realismo mágico y otras como protagonistas del terror contemporáneo en Oriente Medio. Su figura sigue estando muy ligada a miedos ancestrales, y con la llegada de la tecnología se ha perpetuado, aún más si cabe, su presencia en el imaginario popular.
Para el viajero occidental, los djinn suelen verse como una curiosidad cultural, pero para muchas personas en Marruecos forman parte de su día a día, convirtiéndose en una manera más de interpretar el mundo y confrontar su miedo a lo inexplicable. De esta manera, lo invisible deja de ser metáfora para convertirse en una dimensión más de la realidad. Y más allá de creer o no en ellos, los djinn permiten acomodar en nuestra visión del mundo aquello que nos asusta y no acertamos a comprender.







