Iglesias cristianas en Marruecos: cuestión de tolerancia
Marruecos es un país musulmán. El islam, que profesa el 99% de la población, es la religión oficial del Estado, tal y como se recoge en la Constitución, y aunque otras religiones como el cristianismo son minoritarias, lo cierto es que están presentes en este país, que destaca por su tolerancia.
El cristianismo forma parte de ese mosaico de religiones que se pueden encontrar en Marruecos. No se trata de una religión invisible ni prohibida en el país, pero lógicamente tampoco ocupa un espacio ni un predominio público comparable al de países de tradición cristiana. Las iglesias cristianas existen y se encuentran en funcionamiento, pero su actividad se inscribe dentro de ciertos límites que buscan preservar la religión mayoritaria de un Estado donde una gran parte de la población pertenece a la rama sunita del islam.
El cristianismo en Marruecos
La mayoría de los cristianos residentes en el país son extranjeros, ya sean ciudadanos europeos o africanos subsaharianos, que cada vez tienen mayor peso en las comunidades cristianas. A ellos se les unen personas latinoamericanas o de procedencia asiática que viven y trabajan en Marruecos, en ocasiones de manera temporal. Asimismo, se suman diplomáticos, personal de organizaciones internacionales, cooperantes, religiosos, estudiantes y profesionales vinculados a empresas multinacionales que también profesan la fe cristiana. Esta diversidad explica por qué muchas iglesias cristianas celebran cultos en varios idiomas.
Por otro lado, no hay que olvidar que también existe un número reducido de marroquíes que se identifican como cristianos, aunque su visibilidad es limitada porque en muchos casos practican su fe de manera privada, fuera de las iglesias, por razones sociales o familiares.
Legado histórico
Las iglesias cristianas de Marruecos son el legado de distintas etapas históricas. Durante el siglo XX, y especialmente durante el periodo del Protectorado francés y español, entre las décadas de 1920 y 1950, se construyeron numerosas iglesias para atender a las comunidades europeas. Solían ocupar lugares destacados en el trazado urbano y respondían a estilos arquitectónicos diversos. Tras la independencia de Marruecos, muchas de ellas perdieron su función original debido a la progresiva salida de una gran parte de la población europea.
Sin embargo, algunas iglesias se mantuvieron activas, dando servicio a comunidades más pequeñas. En cambio, otras fueron desacralizadas y reconvertidas en espacios con otras funciones sociales.
En cualquier caso, y desde el punto de vista urbano, las iglesias cristianas en Marruecos no dominan el paisaje, sino que se mantienen en un discreto segundo plano. Incluso las catedrales construidas durante el Protectorado, aunque reconocibles, no dominan el entorno urbano. Y es que, a diferencia de las grandes mezquitas, las iglesias rara vez ocupan posiciones centrales en la ciudad. Su arquitectura, a veces imponente, ha quedado diluida y perfectamente integrada en el tejido urbano sin reclamar protagonismo, especialmente si tenemos en cuenta el gran número de mezquitas existentes en cualquier población.
Por su parte, las iglesias desacralizadas conservan su valor arquitectónico, pero con una función redefinida, apoyando la idea de que los diferentes diseños religiosos pueden convivir sin entrar en competencia.
Iglesias cristianas activas
Las iglesias cristianas que actualmente están activas funcionan a un ritmo que nada tiene que ver con el calendario islámico. Las celebraciones cristianas no interfieren con las festividades musulmanas y se desarrollan de forma paralela, sin solapamientos ni tensiones visibles. Así, festividades cristianas como Navidad o Semana Santa se celebran dentro de los templos, sin manifestaciones públicas externas como pueden ser las procesiones. Una discreción que no implica la ausencia de vida religiosa, sino una adaptación al contexto de un país islámico.
En cuanto al número de iglesias existentes, cabe distinguir entre edificios históricos, templos en activo y espacios de culto no visibles. Si se atiende exclusivamente a las iglesias cristianas que funcionan de manera regular como lugares de culto abiertos y reconocidos, hay varias decenas en todo el país. Existen dos arquidiócesis en Rabat y Tánger, que agrupan parroquias distribuidas por las principales ciudades. Estas iglesias cuentan con sacerdotes y sus propios horarios de culto.
Además de la Iglesia católica, las confesiones protestantes, anglicanas y ortodoxas también están presentes en Marruecos, aunque en menor número. En algunos casos disponen de edificios propios, pero en otros casos utilizan locales adaptados o espacios compartidos, y aunque estas comunidades son aún más reducidas que la católica, también han logrado mantener una actividad regular.
Junto a las iglesias que aún tienen culto, también están los edificios que en su día fueron templos, pero ya no funcionan como tales. Además, también hay que tener en cuenta que hay fieles cristianos que se reúnen en espacios privados, una práctica habitual entre los marroquíes convertidos.
En las grandes ciudades
Las iglesias cristianas se concentran en ciudades con una fuerte presencia internacional y administrativa. Rabat, como capital política y diplomática, alberga varias parroquias en activo, mientras que Casablanca, como centro económico del país, también tiene varios templos, donde se reúnen las comunidades cristianas presentes en la ciudad y sus alrededores.
En otros lugares como Tánger, Marrakech, Fez o Agadir también se pueden encontrar iglesias activas, aunque en número más reducido. En cambio, en las pequeñas localidades o en áreas rurales, los templos cristianos son prácticamente inexistentes.
Por otra parte, las iglesias cristianas activas en Marruecos son, en general, accesibles para cualquiera que quiera visitarlas. No existe una prohibición como tal para ingresar en ellas, satisfaciendo así la curiosidad de personas no cristianas y visitantes interesados en visitarlas. Sin embargo, no están consideradas como espacios turísticos. Por este motivo, el acceso suele estar vinculado a horarios de culto o momentos concretos en los que las puertas permanecen abiertas.
Por otro lado, las iglesias cristianas que siguen funcionando cumplen perfectamente su papel religioso. Celebran misas, liturgias y sacramentos. Muchas parroquias organizan también encuentros comunitarios, y ofrecen formación religiosa y acompañamiento espiritual a través de los sacerdotes.
La pluralidad lingüística es el común denominador de estos templos. Así, en una misma iglesia pueden celebrarse misas en francés, español, inglés u otras lenguas, para ofrecer servicio a todos los fieles interesados. Su misión, en cualquier caso, es acompañar a las comunidades cristianas existentes en el país, no expandir la fe entre la población musulmana.
Libertad de culto
Muchos cristianos marroquíes practican su fe en el ámbito privado, reuniéndose en pequeños grupos, habitualmente en casas o espacios no identificables públicamente como iglesias. Una práctica marcada, sobre todo, por la discreción y el respeto por el contexto social en el que se desarrolla su actividad diaria.
La normativa marroquí reconoce la libertad de culto para las religiones no musulmanas, si bien establece límites claros a la evangelización. Este equilibrio permite la existencia de iglesias cristianas y su funcionamiento sin grandes contratiempos. En este sentido, las autoridades protegen los templos cristianos y garantizan su seguridad, si bien la convivencia cotidiana entre musulmanes y población cristiana es pacífica y basada en el respeto mutuo.
Marruecos cuenta con una presencia cristiana minoritaria, sostenida principalmente por comunidades extranjeras y migrantes. Existen varias decenas de iglesias cristianas que funcionan como lugares de culto, son visitables y están concentradas en grandes ciudades. A ello se le suman las iglesias que ya no cumplen función religiosa, aunque los edificios mantienen el legado de un pasado que ha decidido no borrarse, sino reconvertirse en espacio cultural. Y, por último, hay cristianos marroquíes que prefieren vivir su fe en la privacidad de espacios privados, como adaptación al contexto social y religioso predominante en el país.







