Macacos de Berbería, todo un símbolo de Marruecos
El macaco de Berbería (macaca sylvanus), aún puede observarse en libertad en varias zonas de Marruecos, sobre todo en las áreas montañosas y boscosas del norte y centro del país. Con su agilidad para trepar a árboles y acantilados, su mirada expresiva y una curiosa forma de comunicarse con sus iguales, es mucho más que un símbolo de la fauna marroquí.
Este primate es una especie milenaria que ha llegado a nuestros días, pero que se encuentra en peligro de extinción. Concienciarse de la necesidad de proteger a estos macacos es la manera más directa de contribuir a que las generaciones venideras sigan disfrutando del auténtico espectáculo de verlos en libertad.
La historia del macaco de Berbería
La presencia del macaco de Berbería en el norte de África es un capítulo más de la historia de la evolución. Esta especie cruzó desde África hacia Europa hace unos cinco millones de años, durante un periodo en que el mar Mediterráneo quedó parcialmente seco. Este evento, conocido como la crisis salina del Messiniense, permitió que diversas especies terrestres migraran entre continentes y el macaco de Berbería fue una de ellas.
Durante cientos de miles de años, estos primates habitaron buena parte de Europa, incluso en zonas tan septentrionales como Alemania o el norte de Francia. Sus características físicas y su capacidad de resistir el frío les permitieron sobrevivir en climas incluso gélidos. No obstante, se extinguieron en el continente europeo hace unos 30.000 años, posiblemente debido a la combinación de una climatología cada vez más difícil para su supervivencia y la caza por parte de homínidos como el hombre de Neandertal.
Hoy, el macaco de Berbería es el único de este género que vive fuera de Asia, y en Marruecos, donde mantiene sus poblaciones más representativas, aún puede observarse en estado salvaje. Lo que una vez fue una especie ampliamente extendida se encuentra ahora confinada a enclaves muy concretos y Marruecos se ha convertido en su principal refugio natural.

Dónde ver el macaco de Berbería
Las cordilleras del Alto y Medio Atlas son uno de los mejores escenarios para ver al macaco de Berbería en libertad. En las inmediaciones de Ifrane y Azrou, dentro de los frondosos bosques de cedros del Parque Nacional de Ifrane, estos animales se mueven con soltura entre los árboles, en grupos que pueden superar los 50 animales. En esta zona, donde las temperaturas invernales pueden ser extremas, los macacos aprovechan su espeso pelaje y su morfología adaptada al frío, con la ausencia de cola visible, para sobrevivir sin dificultad.
Otro de los enclaves donde estos primates pueden observarse es en los alrededores de las cascadas de Ouzoud, donde el terreno escarpado les sirve de refugio y lugar de alimentación. También son frecuentes en zonas más húmedas como Akchour, en la región de Chaouen, donde se les puede ver escalando las rocas con una agilidad sorprendente.
Pero si hay un lugar emblemático para estudiar su comportamiento y adaptación al entorno es el monte Gurugú. Hoy, se pueden ver macacos desplazándose por pinares, alimentándose de piñones y raíces, y dejando a su paso restos de piñas mordisqueadas como testimonio de su ingenio para sobrevivir en un hábitat inicialmente hostil.
Adaptación frente a la adversidad
El caso del Gurugú es un ejemplo de adaptación casi milagrosa. La primera reintroducción de macacos en esta zona terminó en fracaso, ya que los animales carecían de fuentes adecuadas de alimento, lo que provocó que muchos ejemplares murieran o tuvieran que ser sacrificados.
En cambio, la segunda iniciativa se tradujo en una comunidad estable, que aprendió a sobrevivir alimentándose de piñones y raíces silvestres. Esta capacidad de adaptación ha sido clave para su permanencia en el macizo y, hoy, la población del Gurugú se mantiene viva gracias a su ingenio y a los esfuerzos que se están haciendo por su conservación.

Una vida en comunidad
Estos primates forman grupos sociales complejos, con jerarquías bien definidas tanto entre los machos como entre las hembras. Son animales extremadamente sociales, que tienen comportamientos como el acicalamiento, los juegos entre crías y el cuidado colectivo de las crías, lo que refuerzan los lazos de unión entre los individuos adultos. Y es que, a diferencia de otras especies, los machos también se implican activamente en la protección de los más pequeños, lo que les ha valido la fama de “padres ejemplares” dentro del reino animal.
Además, poseen un lenguaje corporal muy desarrollado. Un gesto muy característico consiste en mostrar los párpados, de un blanco muy visible, para comunicarse entre ellos sin necesidad de emitir sonidos, una habilidad que no solo les permite ahorrar energía, sino que evita atraer la atención de posibles depredadores.
Los macacos como atracción turística
La fascinación que despiertan estos primates entre los visitantes los ha convertido en atracción turística. En lugares como Azrou o el monte Gurugú se acercan sin miedo a las personas, acostumbrados a recibir comida. Esta interacción, sin embargo, conlleva graves riesgos, ya que altera sus hábitos alimenticios, favorece el abandono del instinto de cautela frente a los humanos y aumenta los conflictos entre animales por los recursos artificiales.
Más grave aún es la utilización de crías como reclamo para el turismo, donde se exhiben para hacerse fotos a cambio de dinero y son convertidas en mascotas. Detrás de estas imágenes se esconde el sufrimiento de la especie, ya que las crías son arrancadas de su grupo por la fuerza y muchas veces los adultos son sacrificados durante la captura. Este comercio ilegal, junto a la deforestación de su hábitat, ha llevado a la especie al borde de su extinción.
Proyectos de conservación
Actualmente, se estima que la población total del macaco de Berbería en libertad podría no superar los 2000 individuos. Esta cifra sitúa a la especie en un estado de vulnerabilidad extremo.
Ante el peligro real de su extinción, durante los últimos años han ido surgiendo diferentes iniciativas para asegurar su supervivencia. Uno de los esfuerzos más destacados en este sentido es el proyecto “Born to Be Wild”, impulsado por organizaciones como AAP e IFAW. Este programa combina las ayudas directas a su conservación con iniciativas de educación ambiental a la población y colaboración con las comunidades locales.
Marruecos, además, ha comenzado a aplicar medidas legales para frenar su desaparición, en colaboración con organizaciones internacionales que trabajan sobre el terreno. Entre las acciones concretas que se están llevando a cabo se encuentran la formación de guardas forestales, la vigilancia contra el tráfico ilegal de crías, el rescate de animales maltratados y su posterior rehabilitación, así como campañas escolares que buscan sensibilizar a las generaciones más jóvenes sobre la importancia de proteger esta especie.
Además, se están desarrollando líneas de trabajo junto a agricultores y pastores para minimizar los posibles conflictos que se puedan dar entre los humanos y los macacos. Estos proyectos no solo persiguen mejorar el estado de conservación del macaco de Berbería, sino también fomentar una convivencia sostenible entre la fauna salvaje y las comunidades rurales.
A pesar de estas medidas, su situación sigue siendo difícil. La población de macacos continúa disminuyendo a medida que avanza la desforestación en los bosques del Atlas y se intensifica la presión sobre su hábitat. La implicación activa de las autoridades, la cooperación internacional y un turismo responsable son claves en su supervivencia. Si no se logra revertir la tendencia podríamos perder a una de las especies más cercanas a nuestra propia historia evolutiva.
El macaco de Berbería no es solo una rareza biológica por ser el único macaco africano. Tampoco debe convertirse en un atractivo turístico, ya que es un símbolo del equilibrio que se puede lugar entre el mundo natural y la presencia humana. Verlos en libertad trepando entre cedros o caminando por las escarpaduras rocosas del Atlas, en muchas ocasiones con una cría aferrada a su pelaje, o comunicándose con un simple parpadeo, es una experiencia que no se olvida fácilmente. En Marruecos aún habitan en libertad, pero su supervivencia depende de nuestra protección a la especie y la concienciación de mantenerlos a salvo.







