Fatima Ouassak visibiliza el poder de las madres musulmanas
La voz de Fatima Ouassak se alza con fuerza para poner en valor el poder transformador de la maternidad. Esta escritora y activista de origen marroquí ha dado forma, desde su propia experiencia, a un movimiento de protesta que da voz a las mujeres. Su eco no solo resuena en Francia, sino que ya recorre otros países europeos y llega hasta Marruecos, su tierra natal.
Ouassak nació en 1976 en el Rif, una región montañosa y con una fuerte identidad cultural en norte marroquí. Aunque sus padres emigraron siendo ella un bebé a Francia, aún mantiene un vínculo emocional con Marruecos, que marca su forma de entender el mundo. Desde su punto de vista, el legado cultural marroquí y la identidad musulmana que ha heredado no son simplemente sus orígenes, sino las raíces que le han permitido crecer y dan sentido a su vida.
Un menú vegetariano encendió la llama
El germen de su militancia, según cuenta, se remonta a los primeros días de embarazo. Fue entonces cuando percibió con claridad la tensión entre la fuerza vital de dar vida y el lugar marginal al que la sociedad empuja a las madres, especialmente a las racializadas y musulmanas. Ouassak no se conformó con aceptar ese rol que la hacía invisible ante la sociedad y, en lugar de convertirse en un simple engranaje del sistema, decidió cuestionarlo.
Su lucha comenzó con la petición de que se incluyera una opción vegetariana en el comedor escolar de su hija. Un simple gesto que escondía, sin embargo, el cuestionamiento al orden establecido. “Fracasé porque soy una madre árabe y musulmana. Si hubiera sido blanca y de clase media habría sido elegida la madre bio del año”, apunta.
El rechazo institucional y social que recibió, teñido de islamofobia y clasismo, activó una conciencia política que desde entonces la ha acompañado. De ese primer gesto nació el Frente de Madres, una organización que combina feminismo y antirracismo, y que con el paso del tiempo ha conseguido hacerse valer como interlocutor válido en Francia.
El sindicato de madres unidas que formó ha sabido aunar la bonita experiencia de la maternidad que comparten sus integrantes con el fervor de las actividades asociativas y políticas. La asociación se ha transformado en un lugar que acoge a madres que no desean ser solo amas de casa y que se preocupan por el bienestar de sus hijos, al tiempo que luchan de manera organizada contra el racismo y la islamofobia que sufren los niños en ciertos países. Por descontado, Ouassak consiguió la alternativa vegetariana en el menú escolar, pero prosiguió con su lucha más allá de que escucharan su petición.
La importancia de las madres
Aunque reside en Bagnolet, un municipio de las afueras de París con alta población migrante, Ouassak mantiene presente en su actividad el imaginario colectivo marroquí. No es casual que recurra con frecuencia a expresiones culturales propias del Islam y del norte de África. La famosa frase “el paraíso está a los pies de las madres”, tan arraigada en la tradición musulmana y en Marruecos, resuena con fuerza en su discurso. Y aunque reconoce que esa valoración tiene matices patriarcales, también celebra que al menos se reconozca el papel esencial de las madres.
En los barrios con presencia marroquí o subsahariana, afirma, existe toda una red solidaria articulada en gran parte por mujeres. Son ellas quienes mantienen vivas las actividades vecinales, el apoyo escolar y los cuidados en la comunidad.
Para Ouassak, el feminismo institucional, mayoritariamente blanco y de clase media, ha desatendido históricamente a las madres. Pero su planteamiento no es una queja, sino la propuesta de poner en valor la maternidad en su conjunto.
Inspirándose en ejemplos como las Madres de Plaza de Mayo o las organizaciones femeninas de resistencia en contextos de conflicto como Palestina o el Congo, Ouassak subraya que las madres, cuando actúan unidas, tienen un poder inmenso.
De ello habla en su libro, El poder de las madres. Por un nuevo sujeto revolucionario, que se ha traducido al castellano y fue presentado en espacios como la Casa Árabe de Madrid, donde Ouassak resaltó la importancia de tejer un frente común de crianza que sirviera como barrera ante las agresiones racistas. En las primeras páginas del libro, en el que se anima a utilizar el poder que genera la maternidad para organizarse y ocupar el espacio público, la activista comenta: “Yo era solo una madre, es decir, para la sociedad actual, prácticamente nada”. Pero con su ímpetu contagió la fuerza a otras madres, que se unieron en su lucha.
Madres dragón
Uno de los terrenos clave del activismo que promulga Ouassak es la escuela pública. La activista ha denunciado cómo el sistema educativo francés reproduce desigualdades raciales y sociales. Desde su experiencia, los hijos de familias migrantes, y particularmente musulmanas, son tratados como potenciales amenazas, en un fenómeno que ella llama “desinfantilización”.
En muchas escuelas, cuenta, incluso gestos tan simples como decir bismillah antes de comer es visto con recelo. En cualquier caso, la activista defiende los servicios públicos que, aunque sean imperfectos, son espacios que hay que cuidar, porque en la privatización como alternativa las familias racializadas seguirían estando en desventaja.
En este sentido, una de sus ideas más potentes es la ruptura con el estereotipo de la “madre mediadora”, esa figura que, ante un estallido social, llama a calmar los ánimos. Frente a ese papel, propone el de las “madres dragón”, mujeres que se rebelan, que rugen y defienden a sus hijos, no para alimentar la violencia, sino para impedir que la rabia legítima sea silenciada por el miedo o la vergüenza.
Ouassak recuerda que las madres árabes, africanas y musulmanas llevan mucho tiempo luchando, aunque no se les ha prestado atención. Ante esta situación, desde su organización se pone en valor la experiencia de estas madres, su capacidad de organización y su potencial para transformar la sociedad desde abajo y sacando su fuerza desde las raíces culturales que comparten.
Mirando a Marruecos
Aunque su militancia se desarrolla principalmente en Francia, Fatima Ouassak no oculta su deseo de ampliar su activismo en el sur del Mediterráneo y especialmente en Marruecos. Para ella, Marruecos no responde solo a sus orígenes, sino también a una tierra llena de sabiduría sobre el cuidado y la crianza, un lugar que puede ofrecer las claves de maternar a un mundo cada vez más individualista y fragmentado.
A través de su obra y su activismo, Fatima Ouassak va un paso más allá de los moldes clásicos del feminismo y propone a las madres como un interlocutor a tener en cuenta en todas las esferas de la sociedad. Y en su caso, su identidad musulmana no actúa como freno, sino como motor y brújula.
Ouassak hace su discurso desde la vocación universal que une a todas las madres. Porque, como afirma con convicción, no se trata de salvar solo a los hijos propios, sino de imaginar un mundo donde todos los niños puedan crecer con dignidad, sin miedo y con libertad. Y ese mundo empieza por escuchar lo mucho que tienen que decir las madres.
Imagen de portada: The Muslim Think Tanks, CC BY 3.0, Enlace







