Lunda y el ogro, un cuento marroquí con mucha magia
En algunos cuentos marroquíes, la magia suele estar muy presente, hasta el punto de convertirse en un elemento imprescindible de la historia. La narración, que adquiere un tono cercano al realismo mágico, tiene en la magia la oportunidad para hacer más interesante la narración y atraer la atención de quienes escuchan el cuento.
Y dentro de los personajes que viven en torno a esta magia se encuentran los ogros. Estos seres fabulosos, que son criaturas con una forma semihumana y un tamaño descomunal, están presentes en distintas mitologías, entre ellas la árabe. Son muchos los cuentos marroquíes en los que aparecen, para asustar a los niños y fascinar a los mayores, que escuchan la historia con redoblado entusiasmo.
El cuento de Lunda y el ogro, también conocido como “El rapto de la novia”, es un claro ejemplo de las narraciones que tienen a este ser mitológico como protagonista. Contado por Lala el-Galiya Rahmaniya, probablemente adquiriría un tono de misterio y sorpresa capaz de encandilar a todo aquel que quisiera escuchar.
Lunda y el ogro
Había una vez un hombre que tenía una hija llamada Lunda. Había sido pedida en matrimonio y concedida a su primo desde su tierna infancia, aunque el matrimonio no había sido consumado, pues el novio viajaba mucho por trabajo.
Un día, las amigas de Lunda fueron a buscarla para ir a recoger leña al bosque. A la caída de la tarde, las jóvenes volvían a casa llevando cada una un haz de leña sobre la cabeza, pero el haz de Lunda era tan pesado que pidió a las amigas que fueran a buscar a su madre para que le ayudara en su tarea.
Cuando las amigas se fueron apareció ante la chica un ogro repugnante que dejó a la doncella horrorizada. El ogro le pidió a la muchacha que se fuera con él a su casa, pero ella se negó. Ante su negativa, el ogro le advirtió que la raptaría en una noche tenebrosa, con lluvia, viento y truenos. Y desapareció.
El rapto de Lunda
Cuando llegó la madre hasta donde estaba Lunda, sin sospechar lo que acababa de ocurrir, cargó el haz sobre su cabeza y regresó junto a su hija al hogar. Tiempo después, en una noche de tormenta, el ogro hizo acto de presencia en el hogar y raptó a Lunda. Salió volando con ella en sus brazos poderosos y a medida que iba atravesando las montañas las iba cambiando de color, hasta llegar a su vivienda, donde instaló a la muchacha.
Mientras tanto, el primo de Lunda regresó al pueblo y se presentó en la casa de los padres de su prometida para anunciarles que ya se podía casar con ella. Cuando preguntó por la muchacha, los padres le dijeron que había muerto, y conduciéndole al cementerio, le mostraron su tumba.
El prometido se pasó varios días y noches llorando sobre el nicho de su prometida y tan desdichado le vio una anciana que se acercó a él para anunciarle que, en realidad, le habían engañado. La anciana le dijo que Lunda había sido raptada por un ogro y el joven, incrédulo, excavó la tumba para encontrar en ella tan solo un trozo de madera, descubriendo así que era verdad lo que le habían dicho.
En busca de la amada
Volvió a su casa y pidió a su madre que le prepara provisiones. Ensilló su caballo y partió en busca de su prometida. Las montañas, que habían cambiado de color, le fueron guiando hasta la casa del rey de los ogros.
Cuando ya estaba muy cerca del hogar del raptor de su novia, paró para dar de beber a su caballo. De pronto apareció una chica negra. “Llama a tu ama y tráemela”, le dijo el joven a la esclava. Pero ella le contestó que su ama nunca salía de casa.
La esclava regresó a la vivienda donde estaba Lunda y le contó el encuentro con su prometido. La muchacha, temerosa por la suerte de su amado, decidió no salir a su encuentro.
Poco después el joven se encontró con el gallo de Lunda, que había acudido al pozo a beber agua. El gallo volvió a decir al joven que su dueña nunca salía al exterior. Entonces, tras enterarse de que Lunda estaba en ese momento hilando lana, el prometido pidió al gallo que cogiera una brizna y que saliera de la casa con ella en el pico para que Lunda le siguiera.
Así lo hizo el gallo y Lunda salió detrás de él, encontrándose con su prometido. Sin dejar de llorar, le dijo que el ogro les comería a los dos si descubría su presencia. Por este motivo, le escondió en un silo, para regresar después a la casa con planes de huir con su prometido aquella misma noche.
Huele a hombre
Cuando se puso el sol, el ogro llegó a la vivienda, olfateó el aire y descubrió que la casa olía a hombre, pero Lunda le engañó: “Estoy sola, contigo y con Dios”. Para que se durmiera puso la mitad de su cabello como lecho y arropó al ogro con la otra mitad de su pelo. Cuando el ogro se durmió, el prometido de la muchacha salió del silo, cortó los cabellos de su amada para no despertar a la bestia, y se fue con su amada.
Antes de partir, Lunda esparció por toda la casa clavo de olor triturado para quitar el aroma a carne humana. El ogro, sin embargo, se despertó al poco tiempo y se puso a seguir a los fugitivos. Ellos se convirtieron en espinos y después en lanzas, cortando los pies al ogro. Pero a pesar de ello, el ogro siguió su camino, persiguiéndoles. Los amantes se convirtieron posteriormente en sal que, penetrando en las llagas sangrantes de los pies de la bestia, le hizo sufrir tanto que se cayó al suelo.
Estando ya vencido, el ogro dio un consejo a la pareja, avisándoles que no cogieran ningún huso de lana, ni entraran a rezar a un templo, ni escucharan al pájaro que probablemente les invitaría a refugiarse bajo su ala.
El rapto del novio
La pareja prosiguió el camino y el primo se encontró un huso de lana. Tras cogerlo, quedó pegado a su mano, y Lunda tuvo que emplear una fuerza mágica para arrancárselo. Después entró a rezar a un templo y quedó encerrado en él. Lunda, una vez más, consiguió sacarle con mucha dificultad. Finalmente, el primo encontró a un pájaro que le invitó a refugiarse bajo su ala. Cuando así lo hizo el joven, el pájaro salió volando con él, desapareciendo de la vista de Lunda.
Sin saber qué hacer, Lunda llegó a la casa de los padres de su prometido tomando la forma de una perra lebrel. Los padres, apenados por ella, le dejaron dormir en el establo.
Una noche, un pájaro voló por encima del establo y habló con la perra. Un anciano del pueblo, que oyó la conversación, fue a casa de los padres del novio desaparecido, y les contó lo que había oído. Los padres hicieron pasar a la perra a los aposentos de la casa y le dieron de cenar. El pájaro volvió aquella noche y se mostró complacido. Los padres, deseosos de saber qué estaba ocurriendo, fueron a consultar a un mago.
De perra a humana
El mago les pidió dos toros para sacrificarlos en la montaña y repartir la carne a los pájaros, prometiendo que si lo hacían así podría devolverles a su hijo. Una vez hecho el sacrificio, los pájaros bajaron a comer a su presa. El raptor del prometido lo dejó caer al suelo y el mago lo rescató y lo devolvió a sus padres.
Los padres recibieron a su hijo con una gran alegría y el muchacho les dijo que preparan la fiesta de su boda. Cuando los padres le preguntaron a quién quería desposar, él contestó que a su perra lebrel.
Los padres estaban tan felices de haber recuperado a su hijo que no se opusieron a su deseo, aunque no invitaron a nadie a la boda. La noche nupcial, el novio hizo entrar a la perra a su alcoba y arrojándole tres cubos de agua caliente, y diciendo unas palabras mágicas, Lunda apareció ante sus ojos, más hermosa que nunca, con una belleza sin igual.
Una pequeña esclava, que había seguido la escena mirado por el ojo de la cerradura, contó a los ancianos padres que la belleza de la novia era maravillosa. Los padres reaccionaron dándole una paliza, pues no entendían por qué decía que una perra era bella. Pero la esclava les aclaró que hablaba de una mujer, asegurando que era la más bella del mundo.
Los padres fueron a los aposentos y descubrieron que la perra se había transformado en Lunda, y dieron gracias a Dios por haberla devuelto a la vida. Entonces fue cuando convocaron a toda la gente del pueblo y dieron una gran fiesta. Y desde entonces vivieron felices y nunca más volvió el ogro raptor.
Cuenteros y personajes
Es fácil imaginar cómo los cuenteros y los esclavos narraban este cuento, lleno de fantasía y misterio. Se trata de una historia perfecta para ser contada tanto en palacios como en la calle. Llena de giros inesperados, con un ogro como elemento terrorífico y una historia de amor como trasfondo, el cuento permite imaginar la horrible voz del ogro e ir siguiendo paso a paso la odisea, no exenta de sufrimiento, de los jóvenes prometidos.
También es fácil imaginar al cuentero o la esclava haciendo inteligentes pausas antes de narrar el desenlace de la historia, bien para que los transeúntes interesados en conocer el final echen monedas, o para que los nobles que escuchan el cuento muestren aún más atención al momento culmen que supone el desenlace.
Contextualización del cuento
En este cuento marroquí se pueden encontrar elementos que pueden ser contextualizados en el Magreb tradicional. Uno de los más evidentes es la concertación de un matrimonio cuando ambos miembros de la pareja son aún unos niños. Y también se puede entrever la forma de vida de las zonas rurales, con un pozo, establos y gallos entre los animales de la casa, y las actividades tradicionales típicamente marroquíes, como hilar lana.
La presencia de Dios también queda patente en el encuentro, demostrando la presencia de la religión en cualquier faceta de la vida cotidiana y su convivencia respetuosa con un elemento como es la magia, presente en todas las partes del relato. Una magia que invita a objetos y a animales a hablar, atribuyendo acciones humanas a elementos naturales. E incluso más allá de los hechizos de los magos, los hombres también son capaces de hacer magia con sus manos.
El ogro, finalmente, es el gran protagonista del cuento de “Lunda y el ogro”, como ya puede adivinarse desde su título. Un ser mitológico y repugnante, tal y como se le descubre en el cuento, que come hombres y tiene un olfato prodigioso para descubrirlos. Un ser, en definitiva, que poco dista del que aparece en los cuentos occidentales, demostrando una vez más un elemento en común entre los cuentos marroquíes y los de la cultura occidental.







